Los monos carayá -Alouatta caraya como
lo llaman los científicos- son una de la especies
de primates que habitan nuestro territorio. Se los puede
encontrar en las provincias de Salta, Formosa, Chaco,
Corrientes, Misiones y norte de Santa Fe.
Están entre los monos más grandes del continente,
llegando a medir hasta 90 cm., a lo que se le debe adicionar
otro tanto de cola, la que es prensil, y les sirve como
una mano más en sus movimientos entre las ramas
de los árboles.

© Belén Etchegaray
Al nacer, los bebés de ambos sexos son amarillentos-marrones,
color que las hembras mantienen durante toda su vida,
pero los machos al hacerse adultos cambian éste
por el negro.También se los conoce como monos aulladores,
lo que se debe a los potentes gritos que emiten, especialmente
al amanecer y cuando se pone el sol. Sus voces se pueden
escuchar a grandes distancias.
Viven en grupos familiares que van de unos pocos hasta
20 individuos. Se alimentan de hojas y frutos, pudiendo
comer también algunos insectos. Son muy poco activos,
pasando la mayor parte del día recostados sobre
alguna rama en las alturas de los árboles expuestos
al sol.Actualmente sus poblaciones naturales se ven diezmadas
por la desaparición de su hábitat. La tala
de árboles para la obtención de madera y
el desmonte para ganar espacios para la agricultura o
ganadería son sus mayores enemigos.
También es muy común que se capture a los
bebés, para lo cual en general se mata a la madre,
para luego ofrecerlos a la venta a la orilla de las rutas.
Los vendedores los revolean por sus colas para exponerlos,
y además para lograr impresionar a los desprevenidos
viajantes, quienes por pena los compran, sin pensar que
de esa manera sólo perpetúan esta forma
de comercio ilegal, además de convertirse en cómplices
del mismo.

© Belén Etchegaray
Por desgracia, la mayor parte de estos ejemplares mueren
muy jóvenes, muchos debidos a los malos tratos
recibidos por sus cazadores y otros por no adaptarse a
la situación de cautiverio. Cuando logran sobrevivir
a los primeros años terminan muriendo por enfermedades
causadas por el estrés del cautiverio, o por accidentes
tales como ataques de perros, electrocución, o
por un vecino asustado que le dispara o apalea por sentirse
amenazado por “esa bestia”. Los pocos que
sobreviven generalmente terminan engrosando las filas
dezoológicos, ya que sus “dueños”
acaban por aceptar que la vida con un mono no es fácil.
Existe un gran número de enfermedades que ellos
pueden trasmitir a los seres humanos, algunas de ellas
muy graves. Tuberculosis, rabia, salmonelosis son solamente
algunas de ellas. Pero antes de pensar en donar al ejemplar
muchas veces se intentan diferentes métodos para
“amansarlos” tales como la castración
o limarles los colmillos. Estas prácticas los inhabilitan
para la posterior vida con sus congéneres. Por
lo dicho, es que decimos que “por más que
al mono lo vistamos de seda siempre será un mono”,
¡no lo olvidemos! No podremos cambiar su actitud,
él siempre será un animal silvestre, jamás
lograremos que sea un animal doméstico, por más
que lo atemos, lo enjaulemos o lo mutilemos, en su naturaleza
siempre habrá un animal salvaje, entonces no nos
extrañemos cuando se comporte como tal.

© Belén Etchegaray
Si Ud. quiere ayudar a los hermosos monos carayás
no los compre y denuncie su tenencia o venta a las autoridades
de fauna de su provincia. Pero más importante aún
es que difunda este mensaje a toda la gente que conoce,
que sus hijos les cuenten a sus maestras y compañeros
en la escuela, a sus amigos en el club y en el barrio.
Evitemos que se maten más monas para robarles sus
bebés. Defendamos nuestro patrimonio faunístico.
Eso también es amar nuestro país.
©
Guillermo Pérez Jimeno / FNA