Introducción
El Juco, oso andino ó
de anteojos Tremarctos ornatus es el único úrsido
(familia de los osos) presente en América del Sur.
Se ha incluido en el Apéndice 1 de CITES (Convención
Internacional de Tráfico de Flora y Fauna Amenazadas)
desde 1977, y la Unión Internacional para la Conservación
de la Naturaleza lo ha clasificado como Vulnerable a Nivel
Mundial desde 1994. En la actualidad se confirmó
que distribución de la especie, abarca: los bosques
nublados tropicales y subtropicales de los Andes en Venezuela,
Colombia, Ecuador, Perú, entre ellos el límite
político internacional entre Bolivia y Argentina.
Vive entre los 250 y 4250 metros sobre el nivel del mar
(m.s.n.m).

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Belen Etchegaray
La cacería, es una de las causas más importantes
de la disminución poblacional del oso; los pobladores
locales lo cazan para su subsistencia, por predación
de ganado infrecuentemente, a cultivos de maíz
y caña de azúcar ó por considerarlo
peligroso para el ser humano asociado a razones culturales
(uso de sus partes para medicina tradicional y creencias
místico – religiosas).
La expansión de la frontera pecuaria, es una de
las causas últimas; que contribuye al declive poblacional
del oso; a través de la fragmentación y
la pérdida de su hábitat. Además,
sus bajas densidades naturales en muchas regiones, baja
tasa reproductiva, largo período de dependencia
parental y reducida variabilidad genética, son
considerados factores de riesgo ante la reducción
del hábitat natural de la especie ó la caza
continuada de ejemplares.

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Belen Etchegaray
Se considera al oso de anteojos,
como especie focal, pues requiere para sobrevivir grandes
distancias, es buen indicador del estado de conservación
de su hábitat y por su requerimiento especializado
de dieta. Garantizando su supervivencia, se asegura también
la de muchas otras especies nativas de la región,
al protegerse grandes áreas interconectadas. Como
así mismo, la manutención de las cuencas
hídricas y los regímenes pluviométricos
naturales de un área determinada.
El noroeste argentino es un importante centro de diversidad
biológica y endemismo (especies que están
presentes solo en está región del globo
únicamente); así también es un importante
corredor biológico, para muchas especies de mamíferos.
Particularmente entre los grandes carnívoros, que
por sus requerimientos de hábitats en buen estado
de conservación: lo han convertido en un área
potencial a futuro de sostener poblaciones viables de
los mismos. Sobretodo en el Ecosistema de las Selvas Tucumano-Oranense
ó Yungas. Uno de los ecosistemas más ricos
en mamíferos de Argentina, con 9 ordenes, 25 familias,
más de 90 géneros y 110 especies descriptas
actualmente.
Es en está región donde la presencia del
más grande y representativo carnívoro de
los Andes Tropicales Surámericanos, ha resultado
polémica desde la segunda mitad del siglo XX. Sin
estudios de campo serios que lo corroboren; a pesar de
algunos reportes antiguos, por pobladores. El Oso Andino,
se ha mantenido como un mito siempre presente en el imaginario
popular andino del norte del país. El del tenebroso
y maligno “Ucumar”, raptor de humanos. Habitante
omnipresente de la hostilidad, terror y misterio que representan
las Selvas Andinas, en la cosmovisión del hombre
andino.
Sin embargo, fue recientemente
que se ha determinado la presencia de la especie en territorio
argentino, mediante el levantamiento de indicios indirectos
de su presencia (huellas, arañazos en árboles,
heces, etc.). Y donde actualmente se está llevando
a cabo un estudio más exhaustivo, para determinar
su distribución actual y demostrarla a cabalidad.
El Oso Andino, Diagnosis.
El oso andino, es el cuarto
en tamaño de entre las demás especies de
osos existentes actualmente. Y el único, presente
en el Neotrópico (Región biogeográfica
terrestre, que se extiende desde Centroamérica
a América del Sur). Tienen un cuerpo macizo y grueso,
de extremidades cortas y manos y patas anchas. La cabeza,
es cuadrangular con un hocico ancho y corto. Posee un
pelaje espeso y negro, aunque hay también; formas
pardas y pardas-rojizas infrecuentemente. El hocico, es
pardo blancuzco, alrededor de los ojos; presenta manchas
circulares blancas simil a “anteojos” y que
se extiende por la quijada, garganta y pecho.

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Belen Etchegaray
T. ornatus, comparte con
las demás especies de úrsidos el hueso lacrimal
reducido hasta constituir un anillo vestigial alrededor
del foramen naso-lacrimal. Las bulas pequeñas y
aplanadas. La Presencia de hueso peneal.
A diferencia, de las otras
especies, presenta 13 pares de costilla (un par más
que los otros osos presentes en el mundo), tiene el hueso
naso-maxilar más corto e insertos en él
largos molares y premolares; y una desarrollada musculatura
mandibular, especializada para la herbivoría. La
fórmula dental, es tradicional entre los úrsidos,
cuenta con 42 piezas (i3/3, c1/1, p 4/4 y m2/3). El número
cromosómico es único entre los osos; 2n=52
(lo que significa que presenta 52 pares ó juegos
de cromosomas en cualquier célula somática,
o sea dos veces más que en los gametos o células
sexuales).
El Macho tiene una altura
hasta la cruz de 0,80 metros, y una longitud corporal
de 1,40 metros. Y las hembras con una longitud de 1,20
metros a la cruz, erguido sobre sus cuartos traseros llegan
a tener hasta 2,00 metros de alto. Siendo un 50% mas grande
los machos, que las hembras. Pesando de entre 70 a 150Kg
los primeros; y 60 Kg. las hembras.
Historia Natural
El Oso, es primordialmente
solitario, aunque hay reportes de grupos sociales de hasta
9 individuos comiendo cactus Opuntia spp.; en época
de fructificación en Perú. Se encuentran
activos tanto de día como de noche. Son úrsidos
muy crípticos, difíciles de observar debido
a la preferencia de habitats primarios inaccesibles, y
la pobre visibilidad en los mismos; por la presencia constante
de niebla, características de estas unidades.

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Fernando Del Moral y Fátima Imarú Lameda.
Los machos adultos tienen
un territorio exclusivo ó área de vida alrededor
de 65km2 mientras que las hembras adultas poseen un área
de 15 a 20 Km2, que se superponen entre ellas parcialmente
dentro del área de un macho residente.
Ejecutan una amplia gama
de vocalizaciones - el nombre vulgar “ucucu”
se aproxima a la voz gutural más característica
del oso – y señales visuales (el arañazo
y/o descortezado de troncos de árboles) y odoríferas
mediante las cuales interactúan socialmente con
sus congéneres. Ya sea como indicativo de presencia
y territorialidad ó búsqueda de pareja durante
el estro (celo). Las que realizan a través de las
glándulas cebáceas del lomo, los machos,
odorizando elementos del bosque(como troncos de árboles,
piedras grandes) mediante el restregado de su dorso en
ellos, como indicio de territorialidad hacía otros
machos.

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Fernando Del Moral y Fátima Imarú Lameda.
Son además, excelentes
trepadores, y pasan bastante tiempo sobre el dosel arbóreo,
donde construye “encames o nidos” constituido
por las mismas ramas y hojas del árbol donde lo
establece; ó en el suelo con ramas y hojarasca
siempre cerca de una fuente temporal de alimentos. También
son muy buenos nadadores, teniendo preferencia por crestas
montañosas y cuerpos de aguas permanentes u estaciónales.
Su dieta es variada; come
bromelias (Bromelia spp; Tillandsia y Guzmannia spp.);
pseudobulvos y la médula meristemática de
bambúes, entre otros. Adicionalmente el oso, consume
insectos, roedores, aves, cérvidos y miel de abeja.
Los principales enemigos
naturales, aparte del hombre; son el Jaguar (Panthera
onca) y el Puma (Puma concolor); que depredarían
cachorros y subadultos en dispersión primordialmente
el jaguar.
La madurez sexual, se alcanza
en el oso a los 4 – 5 años de edad y en hembras
a los 3 – 4 años. Pero esto, es diferencial
dependiendo de la disponibilidad de alimento y talla alcanzada.
El celo, suele ser anual
y dura una semana. Es monoéstrico (tiene un solo
periodo de celo al año), lo cual es tradicional
entre los úrsidos. En cautiverio, ocurre en los
primeros meses del año (Febrero – Julio).
Las cópulas, tienen una duración de entre
12 a 45 minutos y pueden extenderse durante toda la semana
que dura el estro, observándose hasta 5 cópulas
en un solo día.
La gestación es variable,
debido a la implantación tardía del cigoto
en la pared uterina de la hembra gestante, la que se estima
entre 160 a 250 días. No obstante, debido a la
dilatada fase de implantación se reduce a solo
65 días. Al nacer las crías, pesan entre
275 a 380 gramos y miden de 25 a 35 cm. de longitud corporal.
Tras sus rastros, en Argentina:
La investigación
biológica y ecológica, de la especie en
vida silvestre, se encuentra aún en estado incipiente.
No obstante aunque, los avances en estos campos implicaría
que otros más remotos, como el conocimiento de
su distribución global; estarían agotados.
Aún, se están explorando nuevas regiones
en búsqueda de indicios de su presencia. Como es
el caso del Sur Boliviano, y la región del Darién
en el límite entre Colombia y Panamá.

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Particularmente esta es
la situación, en las selvas nubladas del noroeste
argentino. Donde el oso andino, es conocido desde tiempos
históricos por comunidades Kollas, y Gauchos (Criollos);
que residen en el área y es denominado: Juco, Ucumar/i,
Uco/a, Ucuco (todos estos vocablos en quechua, son sinonimias
de oso) ó Panda Criollo. Sin embargo, la mayoría
de los pobladores se han referido a la especie como un
homínido. Y como en otras referencias de su distribución,
lo han considerado peligroso ó “maligno”
por la incierta presunción de que son capaces de
raptar y violar seres humanos. Lo que le ha valido la
denominación de “Mono Violador”, adicionalmente.
Estas actuales creencias del imaginario popular, degeneraron
la antigua cosmovisión de entidad protectora del
oso en los Andes Tropicales; de los pueblos originarios
durante la conquista española, con la asimilación
del concepto del oso raptor, propia del oso pardo (Ursus
arctos) de los Pirineos.
Mediante una serie de exploraciones,
realizada los últimos años en áreas
de Selva Tucumano – Oranense ó de Yungas,
en Salta y Jujuy. Se ha determinado la presencia de T.
ornatus en territorio argentino. Obteniéndose indicios
indirectos de la ocurrencia de esta, mediante el levantamiento
de huellas, en el Norte de Salta en 2004. Aparte del levantamiento
de señales de bromelias comidas, heces y arañazos
en árboles, en la misma zona; en Enero del 2006.
Y reportes puntuales de pobladores locales.

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Fernando Del Moral y Fátima Imarú Lameda.
En Jujuy, la especie fue
reportada dentro del mismo corredor biológico que
se comunica con el noreste salteño. Estos registros
preliminares, permitieron la reciente inclusión
de Argentina, en La Lista Roja de Especies Amenazadas
de IUCN como país con distribución del juco.
Además, de constituir el Complejo Ecorregional
Andes del Sur (Sur de Perú, Bolivia y últimamente
Argentina); clasificación con fines investigativo
y de conservación para la especie, desarrollada
por la UICN y la World Conservation Society (WCS).
Aunque, se ignora el tamaño
de la población del juco, en el país. Su
población sería relictual, ó sea
de muy bajas densidades.
Los pobladores han reportado,
la incursión del oso en plantaciones de maíz
(las cuales consume), en zonas de selva alta. Y aparentemente,
además en su dieta el uso de los rizomas acidulados
de la “Querusilla” (Gunnera spp.), bromeliáceas
y de peces siluriformes; en las cuencas altas de los ríos.

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Belen Etchegaray
Por fin, se ha iniciado
un Programa de Evaluación Rápida (RAP, por
sus siglas en inglés); con el objetivo de determinar
la distribución del Oso Andino actualmente, como
el de cuantificar su tamaño poblacional y las amenazas
para su sobrevivenvia en Argentina. Lo cuál es
de singular importancia global, para su conservación
en el extremo austral de su distribución.
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Fernando Del Moral y Fátima Imarú Lameda.