Bienvenidos a FNA
el portal de la Fotografía de Naturaleza Argentina
 




















Detalles en el bosque
EL PAISAJE INTIMO



Por © Roberto Bueno / NS


Minolta Dynax 9Xi; objetivo 28 mm a f/19 y 1 seg de exposición. Kodak Ektachrome 50 Iso



Siempre me han fascinado los grandes espacios naturales de todo el mundo. La contemplación en libros y revistas de espectaculares fotografías de parajes que siempre deseé conocer, no hacía más que aumentar mi interés por ellos.
Con el tiempo he ido pudiendo conocer algunos de esos lugares. Así, y con una
pasión paralela por la fotografía, he ido llenando a la vez mi memoria reciente y mi archivo fotográfico con imágenes similares a aquellas que me hicieron soñar durante muchos años, pero con mi propia visión personal.



Sin embargo, cuando repaso mis diapositivas delante de la mesa de luz, percibo que con frecuencia no son esas fotografías de lugares increíbles las que han dejado en mi memoria los recuerdos más vivos. Ni tampoco son las que reflejan con más
fidelidad aquello que de verdad quería dejar plasmado en la película. Son otras imágenes las que me suelen evocar esos momentos. Y así, el contraluz en una helada hoja de roble, los colores del otoño esparcidos por el suelo o un pequeño arroyo
en el bosque pueden traer a mi cabeza sensaciones más intensas que la imagen de un impecable lago de montaña rodeado de enormes cumbres nevadas.

En general, tendemos a asociar únicamente la fotografía de paisajes con imágenes de grandes espacios abiertos, de impactante orografía, con lagos de ensueño, atrevidas montañas colmadas de nieve, o inacabables desiertos de arena o hielo. Pero
el paisaje abarca mucho más, o quizás habría que decir mucho menos, que esos grandes escenarios naturales que estamos acostumbrados a ver en las imágenes de cualquier medio editorial.
El paisaje también es lo pequeño, lo escondido, lo intuible, lo disimulado y también lo transfigurable. Y el lugar donde encuentro con más facilidad todas esas "menudencias
fotográficas", es el bosque.



En él he podido hallar, año tras año, todo esto. Y como valor añadido lo tenía al lado de mi casa. No hacían falta ni costosos desplazamientos ni viajes planificados. El bosque siempre estaba allí. Y allí he conseguido sentir como en ningún otro lado la sensación de fotografiar aquello que realmente quería, sin imágenes tópicas, sin las prisas del viaje rápido, sin la auto-obligación consciente de hacer la fotografía acucia-
do por la incertidumbre del regreso al mismo lugar.

La cercanía del bosque me permite ir regularmente, proporcionándome la tranquilidad necesaria para buscar la mejor luz, el detalle más escondido y la composición más cuidada.
La asiduidad, por su parte, me ayuda a conocer el terreno a fondo, facilitándome la búsqueda del motivo idóneo en cualquier época del año o condición de iluminación.
Y todas estas cosas se combinan de manera mágica, para sacar a través de mi cámara las imágenes de "pequeños paisajes", que reflejen con fidelidad lo que mi ojo y mi consciencia quisieron plasmar en la fotografía.

Los fotógrafos norteamericanos lo llaman "the intimate landscape". Es el paisaje más íntimo. Os invito a descubrir el vuestro propio y aprender a disfrutarlo.


He pasado en muchas ocasiones por encima de este arroyo, con todo tipo de luz y condiciones meteorológicas. He hecho allí fotografías con la lujuriosa frondosidad de la primavera, con la blanca uniformidad de las nevadas invernales y con la intensa pero filtrada luz del verano. Pero, de todas ellas, me quedo con esta austera imagen otoñal, pues refleja como ninguna cómo veo y siento yo este paisaje tan próximo.
En un día gris, el blanco curso del arroyo con sus pequeñas cascadas arranca luz a una escena que carecía de ella. La visión del espectador es dirigida desde el primer
plano hacia el fondo, creando "profundidad de campo" en su término más literal.

Exposiciones largas, a partir de medio segundo, dan volumen y textura al agua y permiten sacar partido añadido a pequeñas corrientes fluviales y hacerlas protagonistas de imágenes que, a priori, pudieran resultar con pocos alicientes.

Endías claros y limpios de nubes, la azul bóveda que recubre el cielo hace las veces de un gigantesco reflector de la luz solar. En estas condiciones atmosféricas, en los lugares en sombra donde la cálida luz del sol no llega de manera directa, el ambiente se baña con una fría luz azulada procedente del cielo, que las películas fotográficas registran de manera acusada.
Este fenómeno es conocido por los fotógrafos que suelen utilizar, para contrarrestar este efecto, los llamados filtros cálidos que, con diferentes graduaciones (81A, 81B, 81C), compensan la dominante azulada que pudiera reflejar la película. Su uso, al igual que el de otros filtros, debe ser mesurado para no crear sensaciones artificiales y engañosas en la imagen.


Olympus OM-20; objetivo 100-300 mm a f/16 y 1 seg de exposición. Kodak Elite 100.



Sin embargo, en esta fotografía de unos carámbanos colgando de un tronco de abedul opté, en contra de lo que parecía más ortodoxo, por no usar este tipo de filtro
para reflejar mejor en la imagen el ambiente de aquella mañana: azul, fría e hiriente como el propio hielo.

Con frecuencia, en el bosque no resulta fácil disponer de una iluminación adecuada. En primavera y verano la frondosidad de los árboles reduce sustancialmente la cantidad de luz que llega al suelo. En otoño e invierno, con las ramas desnudas de hojas, la luz solar ilumina con más facilidad el bosque, pero por el contrario aumentan los días nublados.

A resultas de todo ello, suele ocurrir que cuando encontramos la composición deseada en un hermoso rincón, acabamos lamentándonos por lo oscura que está la jornada. Lejos de desanimarnos, haremos el esfuerzo de ver el paisaje con "ojos claros"
y recurrir a una larga exposición para descubrir los detalles que se esconden bajo el dosel del bosque.

Es el momento de sacar el trípode. Sujetando la cámara en su cabezal, podremos tener abierto el obturador el tiempo necesario para arrebatar a la oscuridad la gama de colores que la falta de luz nos niega. Además, con un diafragma muy cerrado, obtendremos una gran profundidad de campo que nos asegura nitidez en toda la dimensión de la imagen.
Películas de alta saturación como las Kodak E100 VS (ahora E100 G), o la Fuji Velvia 50 son excelentes en estas situaciones.

Una buena fotografía ha de tener una luz óptima, una ejecución impecable y una composición ajustada en la que nada falte y nada sobre. El primer factor, aunque previsible, es dificilmente controlable en la fotografía de paisajes, si exceptuamos el uso del flash o reflectores. En el segundo factor, el fotógrafo ha de esmerarse para evitar frustraciones irreversibles al ver el carrete revelado.
Tal vez sea el tercero, la composición, el más identificable con la visión personal que el fotógrafo tiene de la Naturaleza y el paisaje.
La composición es la disposición singular y ordenada de los elementos dentro del encuadre. Salvo la obligada exclusión de la imagen de todo aquello que pudiera distraer al observador, restar protagonismo al motivo principal o disminuir la fuerza de la escena, la composición es un concepto a la medida exclusiva del artista. Evalocionará con su experiencia en el campo, con su observación del paisaje y con sus vicencias personales en la Naturaleza, siendo la parcela más creativa del trabajo del fotógrafo.


Minolta F90Xi; objetivo 60 mm a f/8 y 1/250 seg de exposición. Kodak E 100 SW

© Roberto Bueno / NS


APUNTES FOTOGRAFICOS

- Todas las fotos están hechas en los bosques atlánticos de robles y castaños de la Sierra de Béjar, Salamanca (España). Pero esto es una cuestión circunstancial (es mi tierra natal). Cada uno puede encontrar su paisaje más íntimo en cualquier parte y en cualquier manifestación de la Naturaleza.

- Que ni el frío, la niebla, la lluvia o la pereza te impidan disfrutar de las maravillas del bosque en cualquier época o circunstancia. Las estaciones sólo son cuatro, pero las combinaciones ambientales son infinitas y cada momento único.

- El uso de filtros cálidos (81B/C) es recomendable en el interior del bosque en días claros.

- Una herramienta importante por su utilidad práctica a la hora de crear composiciones en el bosque es el zoom. Su variable longitud focal nos permite explorar con comodidad las diferentes posibilidades de detalle que el bosque nos ofrece.
Al poder modificarla sin cambiar el objetivo, nos es tremendamente útil para desechar aquellos elementos que distorcionan la armonía en el encuadre, resaltando por eliminación aquello que realmente nos interesa.

- Utiliza el formato vertical en tus fotografías. Acostumbrados a dotografiar en horizontal por la posición física de nuestros ojos, inconscientemente nos cuesta encuadrar en vertical. Pero el bosque, reino de los árboles, de las plantas y de las cascadas que crecen y se descuelgan por doquier, es el escenario ideal para componer en este tipo de encuadre. Aprovecha la oportunidad.

© Roberto Bueno / NS

 

ESTE ARTICULO PERTENECE A LA EDICION NUMERO 9 DE LA REVISTA "NATURALEZA SALVAJE"


SUSCRIBASE HOY MISMO


-Evítese un posible aumento en el período de abono.
-Participe en descuentos y promociones especiales.
-Recibala cómodamente en su domicilio.

VENTA EXCLUSIVA EN ARGENTINA DESDE FNAweb