
Una
de las permanentes asignaturas pendientes de
todo fotógrafo es, sin duda, la composición.
Dominar la composición significa obtener resultados
de forma independiente
de la luz o el color. La composición es un valor
de suma relevancia en toda obra y define claramente el
estado evolutivo de su autor.
Cuando pensamos
en componer una imagen tomada de la naturaleza, tendemos
a pensar en que nuestros recursos y las posibilidades
de afectar al encuadre son muy limitados. La realidad
es bien distinta; una focal diferente, un pequeño
cambio de posición y los resultados pueden variar
considerablemente. ¿Cómo aprender entonces
a componer para que nuestras imágenes sean impactantes?
Debemos profundizar en los valores y técnicas de
composición y después decidir cómo
los aplicamos en busca de nuestro propio estilo.
Por supuesto
que la composición es un estado avanzado de la
fotografía, que comienza a despertar nuestro interés
cuando logramos dominar la técnica y queremos avanzar
en los esquemas visuales de nuestras imágenes.
Para comenzar debemos conocer los elementos de la sintaxis
visual, las técnicas de expresión y comunicación
visual, así como los procesos básicos de
evaluación.
SINTAXIS DE LA IMAGEN
La sintaxis
visual estudia los componentes de una imagen y profundiza
en las líneas generales de construir una composición,
por ello ha sido materia de interés y adiestramiento
de artistas de todos los tiempos. Los elementos básicos
de la comunicación visual constituyen la materia
prima en el lenguaje de la imagen y pueden ser reconocidos
en todos los niveles de inteligencia visual.
El lenguaje
hablado permite la comunicación entre las personas
que conozcan su dialecto, pero aleja y aísla a
los que no lo comparten. Sin embargo el lenguaje visual
es universal y permite transmitir informaciones muy complejas
e ideas al instante a cualquier persona del planeta.
El
punto
Es la unidad más simple, de forma redonda,
la más abundante en la naturaleza. Cualquier punto
tiene una enorme fuerza de atracción para el ojo,
tanto si su presencia es natural como si ha sido colocado
allí por el ser humano con algún propósito.
Dos puntos constituyen una sólida medición
del espacio, una referencia de distancia. La densidad
de los puntos en un diseño dirige la mirada y desplaza
el peso visual hacia el lugar en que se encuentran. Cuando
los puntos se conectan entre sí pueden crear una
línea y por tanto transmitir movimiento. La proximidad
de los puntos crea tono y color, por ello son la base
de la impresión de las imágenes. Los cuatro
colores básicos aplicados a puntos dan como resultado
la cuatricomía, el proceso de reproducción
de imágenes por imprenta.
La
línea.
Cuando los puntos están muy próximos entre
sí y no pueden reconocerse de forma individual
aumenta la sensación de direccionalidad y se crea
un elemento diferenciado: la línea. La línea
tiene una gran energía, ya que no es estática,
puede ser inflexible y recta o dinámica y curva.
La frontera visual entre dos tonos también crea
una línea.
El
contorno.
La línea cerrada describe un contorno. Los contornos
básicos son el cuadrado, el círculo y el
triángulo equilátero. Son figuras planas
pero con atributos propios. Al cuadrado se asocian conceptos
de torpeza, honestidad, rectitud y esmero. El triángulo
denota acción, conflicto y tensión. Al círculo
asociamos la infinitud, la calidez y la seguridad. Las
formas circulares son menos desafiantes que las oblongas
al no tener angulaciones.
La
dirección.
Las fuerzas direccionales son muy importantes para la
intención compositiva dirigida a un efecto y un
significado finales. Los contornos básicos expresan
a su vez tres direcciones básicas:
1.- Horizontal y vertical. Cuadrado. Reflejan la estabilidad.
La referencia horizontal-vertical es la base de nuestro
equilibrio.
2.- Diagonal. Triángulo. La diagonal refleja la
inestabilidad, es la formulación visual más
provocadora.
3.- Curva. Círculo. Tiene significados asociados
de encuadramiento y repetición.
El
tono.
Vemos los objetos gracias a que la luz no se refleja por
igual en las superficies, aunque llegue a ellas de forma
uniforme. Estas variaciones con que la luz es reflejada,
el tono, son el medio con el que podemos distinguir la
compleja información visual del entorno. Entre
la oscuridad y la luz existen en la naturaleza múltiples
gradaciones sutiles. Cuando vemos un tono en la realidad
vemos auténtica luz, mientras que cuando lo vemos
representado gráficamente sólo vemos un
pigmento utilizado para simular ese tono natural.
Las diferencias tonales marcan líneas de separación
y nos permiten apreciar volúmenes y distancias.
Si la luz no se repartiera por el entorno creando tonos
veríamos lo mismo que en la total oscuridad: nada.
Las tonalidades entre el blanco y el negro se expresan
mediante tonos de gris. La escala tonal del sistema de
zonas es de 9 tonos de gris, pero hay otras escalas de
7, 13 e incluso de 30 grados. El tono es un elemento que
expresa la dimensión, la profundidad. Ni siquiera
la perspectiva y los diversos artificios logran crear
sensación de volumen tridimensional sin el tono,
de ahí su gran importancia, de ahí la relevancia
de aprender a ver tonos donde hay colores.

El
color.
El tono tiene relaciones intrínsecas con nuestra
supervivencia, mientras que el color causa una profunda
evocación de emociones. El color está cargado
de información y es una experiencia visual muy
penetrante. Los colores componen un complejo alfabeto
de significados simbólicos que podemos utilizar.
Sus tres dimensiones pueden ser definidas y medidas: el
matiz, la saturación y el brillo. El matiz o croma
es el color mismo. De los tres matices elementales, amarillo,
rojo y azul surgen más de 100 combinaciones perceptibles.
Las gamas tonales comparten efectos y composiciones comunes.
El amarillo es el color que se considera más próximo
a la luz. El rojo es el más emocional y activo,
representa el calor. Ambos matices cálidos tienden
a expandirse en la imagen, mientras que el azul es pasivo,
suave y es contractivo. Cuando se asocian en mezclas se
obtienen nuevos matices y connotaciones.
La saturación de un color hace referencia a su
pureza respecto al gris. El color saturado es simple,
casi primitivo y es muy explícito. Está
compuesto de matices primarios (amarillo, rojo, azul)
y secundarios (naranja, verde, violeta). Cuanto más
saturada es la coloración de un objeto, más
cargado está de expresión y emoción.
Los colores pasteles menos saturados transmiten sutileza
y tranquilidad. El brillo es una dimensión acromática.
Va desde la luz hasta la oscuridad, es decir hace referencia
a la intensidad, al valor de las gradaciones tonales.
La presencia o ausencia de color no afecta al tono, que
es constante. El amarillo es el color de mayor reflactancia,
el único que se vuelve más brillante a mayor
saturación. Muchos colores tienen su máxima
luminancia al ser emplazados sobre un fondo negro o neutro.
El orden de dominancia de los colores depende principalmente
de su presencia en la imagen, de la superficie que ocupa,
además de si éste es color de fondo o color
de sujeto y también del peso de los colores. Los
colores más pesados hacen parecer los objetos más
pequeños. El color que mayor peso visual tiene
es el rojo, seguido del naranja, el azul, el verde...
y por último el amarillo.
La
textura.
Es un elemento visual pero que despierta también
sensaciones táctiles. Las texturas reales pueden
ser identificadas mediante ambos sentidos, mientras que
sus representaciones gráficas sólo pueden
ser identificadas por la vista.
En el mundo real la información del ojo suele ser
confirmada por la sensación táctil. ¿Es
realmente suave o sólo lo parece? La textura real
está relacionada con la composición de la
materia, aunque muchas imágenes nos pueden evocar
una textura sin representarla realmente. Es el caso de
una imagen aérea que nos muestre un patrón
regular, como un campo lleno de surcos regulares, por
ejemplo. Una cualidad de la textura es precisamente esa,
la regularidad.
La
escala.
La escala es la definición de un tamaño
mediante el establecimiento de una comparación,
de una referencia. Lo grande sólo es grande junto
a lo pequeño. Y lo grande puede parecer pequeño
si incluimos un elemento de tamaño aún mayor.
La escala permite manipular el espacio en las representaciones
gráficas y artísticas. La referencia más
empleada para obtener una escala ha sido la figura humana.
Existen fórmulas proporcionales sobre las que basar
una escala, la más famosa es la “sección
aúrea” empleada en la Grecia clásica.
Es una fórmula matemática de gran elegancia
visual. Esta fórmula fue usada para crear desde
ánforas hasta las plantas y alzados de los templos.
La versión contemporánea más notable
de la escala es la introducida por el arquitecto francés
Le Corbusier, que basa su modularidad en escalar en el
tamaño y proporciones del hombre. El control de
la escala puede hacer que un rincón parezca un
gran paisaje y al contrario. La escala nos permite manipular
en cierta medida la sensación de espacio.
La
dimensión.
La representación volumétrica en formatos
bidimensionales es también ilusoria. En el mundo
real nuestra visión estereoscópica binocular
nos permite verla y sentirla, pero en ninguna representación
gráfica bidimensional de la realidad (pintura,
fotografía…) existe un volumen real. El artificio
fundamental para emular la dimensión es la convección
técnica de la perspectiva. Si a una perspectiva
le añadimos valores tonales, el claroscuro a base
de luces y sombras, podemos realzar de forma espectacular
la sensación de volumen. La perspectiva tiene fórmulas
exactas con numerosas y complicadas reglas. El uso de
puntos de fuga (uno o varios) es esencial para conseguir
el efecto de la perspectiva. Nuestra vista registra la
dimensión como ninguna cámara puede hacerlo.
La cámara fotográfica con sus lentes no
puede competir con nuestro ojo sin recurrir a las enormes
distorsiones del ojo de pez. Por el contrario, el uso
de teleobjetivos muestra una realidad negada al ojo, un
detalle distante que el ojo desnudo no puede percibir.
Aunque sepamos que la perspectiva de la cámara
es diferente a la del ojo humano la cámara puede
reproducir el entorno con gran precisión y detalle.

El
movimiento.
Es un elemento presente en las composiciones con mucha
más frecuencia de lo explícitamente reconocible.
La imagen es, en sí misma, fija, inmóvil,
pero podemos dotarla de dinamismo empleando de nuevo ciertas
técnicas o artificios, como es el caso del barrido
o de la distribución de líneas y puntos
en el encuadre. Nuestra composición puede obligar
al ojo a recorrerla de izquierda a derecha, de arriba
abajo, en diagonal, dependiendo de la distribución
de los elementos. El movimiento en una imagen estática
se debe a la actividad ocular/cerebral, el fenómeno
fisiológico de la “persistencia de la visión”.
En el proceso de la visión abunda el dinamismo.
El ojo recorre incansablemente el entorno. Cada persona
tiene sus propios patrones de exploración, con
preferencia izquierda-derecha y arriba-abajo. Nuestra
composición puede obligar al ojo a realizar un
determinado recorrido, a entrar a la imagen por un lugar
determinado y a permanecer en ella por un espacio indefinido
en caso de ser una composición cerrada. En general
el ojo sigue a la línea y busca acabar en el punto,
o bien parte de un punto y sigue un trazado por otros
puntos que se alejan, además busca circular por
los espacios iluminados de la imagen o bien, en el caso
de una imagen luminosa, puede suceder todo lo contrario.
Estos son
todos los elementos que componen una imagen. Saber reconocerlos
en nuestro encuadre, utilizarlos, reubicarlos y componer
con ellos es tanto o más importante que el correcto
manejo de nuestro equipo. Y sin duda es uno de los primeros
pasos en el estudio de una imagen y de su composición.
Procesos
de evaluación
La composición
es una de las asignaturas más complejas en la fotografía,
especialmente en el paisaje, aunque se aplica a todas
las especialidades. No sólo debemos aprender a
componer con los elementos básicos: el punto, la
línea, el contorno, la dirección, el tono,
el color, la textura, la escala, la dimensión y
el movimiento. Además debemos aplicar las técnicas
de comunicación visual y los valores que oscilan
entre los pares enfrentados de armonía y contraste.
La aplicación de los procesos de síntesis
y análisis a obras pictóricas o fotográficas
resulta un ejercicio excelente. A la hora de examinar
y valorar nuestras imágenes, estos procesos nos
ayudarán a comprender mejor la composición,
a mejorar la distribución de los elementos en el
espacio, a transmitir mejor y reforzar las sensaciones
de las fotografías que realizamos.

Síntesis.
Sintetizar, tratar de simplificar, de resumir, de concretar,
ver la imagen reducida a los mínimos elementos,
reducir su mensaje, expresarlo con los mínimos
elementos. Prescindir de lo accesorio, aunque esté
presente, y valorarla así, por comparación,
la imagen real, tal y como la captamos, con aquella otra
que procede de nuestro esfuerzo mental o representativo
que está sintetizada al máximo. De esta
comparación debemos descubrir qué imagen
transmite mejor nuestro propósito.
El proceso
de síntesis es elemental, directo, rápido,
intuitivo. No debe ser utilizado de forma profunda, pero
sí precisa. Es importante aplicarlo en el momento
de la toma. La síntesis se aplica únicamente
a la imagen como un todo. Supone reducir los valores de
la imagen a su mínima expresión. Sintetizar
permite encontrar el mensaje, la sensación primaria.
Eliminar todo lo accesorio y centrar la atención
en pocos elementos.
Como modelo
podemos aplicarlo de la siguiente forma:
-Contemplación
de la imagen como un todo. Reducción de los elementos
a formas básicas. Detección del valor primario
de la imagen.
-Refuerzo del valor primario a resaltar: mensaje o sensaciones.

Análisis.
Analizar, buscar y apreciar todos y cada uno de los elementos
que componen nuestra imagen, ubicarlos, reubicarlos, justificar
o no su presencia… El análisis se aplica
también al mensaje, a las técnicas de comunicación
visual y debe ser exhaustivo. La fragmentación
de la imagen en sus componentes permitirá valorar
la composición y que realicemos el esfuerzo de
colocar los objetos en el espacio, ejercicio sumamente
útil a la hora de componer una nueva imagen en
la naturaleza.
El proceso
de análisis debe ser aplicado de forma profunda.
Y en dos ocasiones, en el momento de la toma y en el estudio.
El análisis debe aplicarse a la imagen como un
todo en primer lugar, y a las diferentes partes de la
imagen en un segundo lugar. Supone escrutar visualmente.
Cualquier ambigüedad, distorsión del mensaje
o incoherencia debe ser detectado.

Como modelo
podemos aplicarlo de la siguiente forma:
-Detección
de fallos técnicos en la toma (medición
de la luz, colores, contrastes, falta de nitidez, fallos
en el enfoque). Corrección mediante la técnica
y el equipo.
-Búsqueda de mejoras compositivas.
Las
técnicas de comunicación visual
En el análisis
de un encuadre no sólo percibimos los elementos
básicos, éstos interactúan de forma
variable y pueden provocar diferentes sensaciones según
su distribución espacial. En una composición
entran en juego una serie de factores o fuerzas de expresión
que determinan en gran medida el impacto visual de la
imagen. Debemos atender a ellas como segunda fase de la
comprensión compositiva. La corriente Gestalt estudió
preferentemente el campo de la percepción visual,
cómo el ser humano ve el estímulo visual,
lo organiza y elabora una respuesta psicofísica.
La psicología Gestalt se basa en que la observación
de los elementos sueltos de un mensaje visual no tiene
el mismo impacto que el todo. Es decir que un mensaje
puede cobrar otra apariencia cambiando la distribución
de sus elementos básicos. Es en sí misma
una corriente amplia que aparece en Alemania a principios
del siglo XX y que tuvo una gran incidencia en las artes
visuales.

Hay elementos
en el mensaje visual que pueden ser medidos de forma intelectual
o mecánica, sin embargo, otros evocan directamente
emociones y sentimientos, aquellos que pueden ser más
fácilmente apreciados en un nivel de expresión
abstracto. La información visual debe ser transmitida
de forma precisa y clara, resaltando esos valores genéricos
que trascienden al espectador sea cual sea su formación
cultural y a los que responde con similares reacciones.
Éstos son algunos de ellos:
Equilibrio.
La influencia psicológica y física
más importante sobre nuestra percepción
es la necesidad de equilibrio. El equilibrio es una referencia
visual fuerte y firme, una base sobre la que elaborar
sensaciones visuales. El equilibrio es fundamental en
la Naturaleza, ya que su estado opuesto es el colapso.
La desestabilización del equilibrio atrae poderosamente
la atención y crea intranquilidad; es un valor
de contraste, que se aleja del equilibrio armónico.
El equilibrio simétrico resulta muy aparente pero
no representa ninguna sorpresa visual. El equilibrio asimétrico
se consigue distribuyendo elementos diferentes en el espacio,
de forma que unos compensen el peso visual de los otros.
La linealidad
horizontal-vertical es la relación básica
del ser humano con su entorno. Por ello tendemos a buscar
ejes en las imágenes. En primer lugar buscamos
un eje vertical con un referente secundario horizontal.
Entre ambos establecen los factores estructurales que
miden el equilibrio. El eje es una constante inconsciente
y muy dominadora en el acto de ver.

Tensión.
La tensión está muy relacionada con el equilibrio,
sin ser su opuesta. La tensión desorienta y alerta,
exige un esfuerzo extra de atención, un valor de
contraste para acentuar el mensaje. Muchos objetos del
entorno no parecen tener estabilidad, su forma o posición
nos provocan tensión emocional. En el caso de figuras
simétricas es fácil apreciar su equilibrio
en el espacio. Sin embargo, con figuras irregulares el
análisis y establecimiento de equilibrio es más
complejo. La tensión no es un valor de juicio -bueno
o malo- es una técnica más para comunicar
o crear estilo.
Descentramiento.
La variación de la nivelación y la angulación
de un elemento en un encuadre es otro valor de contraste,
de llamada. En un campo de visión rectangular,
la ubicación de un punto en el centro geométrico
de un mapa estructural no ofrece sorpresa visual, es totalmente
armoniosa. La colocación claramente excéntrica
obliga al ojo a esforzarse en el análisis inconsciente
del equilibrio. Un pequeño descentramiento sólo
producirá confusión al no estar claramente
centrado ni todo lo contrario. La ambigüedad no es
deseable desde una sintaxis visual correcta. De este principio
parten reglas fotográficas de composición
muy simplificadas como la de los tercios del horizonte
o la de los puntos de interés, que tienen su origen
en reglas de proporción como la sección
áurea.

Agrupamiento.
Los elementos en una composición interactúan
y se relacionan con su entorno inmediato. Un punto aislado
llama la atención nítidamente e interactúa
sin trabas con su entorno. Dos o tres puntos equidistantes
y equilibrados luchan entre sí por captar la atención,
crean entornos independientes, se repelen. Los puntos
próximos congenian, se atraen, crean formas más
definidas cuanto más juntos están. Su atracción
visual es fuerte y pueden desestabilizar el encuadre.
A la hora de componer con elementos diferentes hay que
considerar que los semejantes se atraen y crean líneas
imaginarias, mientras que los opuestos se repelen. Las
agrupaciones visuales del subconsciente se basan en similitudes
de forma, tamaño, textura, tono, etc.

Positividad-Negatividad.
Los tonos crean visiones positivas y negativas. El ojo
puede ver como forma principal la opaca o bien su contorno
externo. El elemento positivo no siempre es el claro o
el oscuro, es aquel que nuestro ojo percibe primero, el
que domina la visión. El negativo es el otro que
subyace, el pasivo, el que no vemos sin esfuerzo. Cada
ojo tiene su positividad particular y siempre verá
primero una de las formas.
Expansión.
Los elementos claros como el círculo sobre fondo
oscuro dan la sensación de expandirse, de aumentar
de tamaño y acercarse al observador. Por el contrario
el círculo negro sobre fondo blanco se contrae,
amenaza con ser engullido por la luz. El dominio de la
técnica anterior de positividad / negatividad da
como resultado el poder resaltar elementos en nuestros
encuadres con resaltes tonales. La positividad junto con
la expansión crean sensaciones de gran volumen
y resalte -recordemos que sobre un fondo negro los colores
adquieren su mayor luminosidad-.
Existen
otras fuerzas expresivas, aquí se han tratado algunas
que sirven como ejemplos.
El
estilo.
Los pares opuestos
La
comunicación visual utiliza los elementos básicos
con un énfasis cambiante para obtener los diferentes
efectos. Las técnicas de comunicación se
mueven entre los múltiples puntos que hay entre
sus dos polos opuestos: la armonía, estable y equilibrada
y el contraste, dinámico e inestable. La armonía
es femenina y blanca; el contraste, masculino y negro.
Todos los grises intermedios vienen dados por valores
pares enfrentados como lo están la armonía
y el contraste.
El contraste es una fuerza vital para expresarse, para
intensificar un mensaje. El aburrimiento es una amenaza
en un diseño visual. La mente y el ojo exigen estímulos
y sorpresas y tanto la audacia del mensaje como su éxito
dependen del contraste. Como ejemplo, Rembrandt eliminaba
los tonos medios para reforzar el aspecto teatral y dramático
de sus obras. El contraste nos permite crear hipérboles
que magnifiquen un elemento, anomalías que llamen
la atención en una composición constante
o efectos comparativos, como el que la arena, compuesta
de granos, parezca lisa por contraposición de una
masa de guijarros gruesos, por ejemplo. El contraste es
un valor que suele aplicarse a los tonos, los colores,
los contornos o la escala.

Las soluciones visuales deben venir estructuradas a través
del estilo, personal y cultural. Los estilos en el arte
hacen referencia fundamentalmente a una metodología
expresiva y por ella son reconocidos. Es el método,
los refinamientos y las variantes de la técnica
los que permiten identificar la individualidad estilística,
o bien la comunidad con otros artistas en un mismo estilo.
De esta forma, atendiendo a la metodología y a
la forma de expresión, podemos crear un estilo
propio en nuestras imágenes.
| A
R M O N I A |
C
O N T R A S T E |
Contención |
Exageración |
Predecibilidad |
Espontaneidad |
Simetría |
Asimetría |
Equilibrio |
Inestabilidad |
Unidad |
Fragmentación |
Opacidad
|
Transparencia |
Sencillez |
Complejidad |
Superficialidad |
Profundidad |
Redondez |
Angularidad |
Horizontalidad |
Verticalidad |
Las soluciones visuales deben venir estructuradas a través
del estilo, personal y cultural. Los estilos en el arte
hacen referencia a una metodología expresiva fundamentalmente
y por ella son reconocidos, aunque hagan referencia a
enclaves, periodos o emplazamientos: Bizantino, Renacentista,
barroco, Impresionista, Dadá, Flamenco, Gótico,
Bauhaus, Victoriano… Es el método, los refinamientos
y las variantes de la técnica los que permiten
identificar la individualidad estilística, o bien
la comunidad con otros artistas en un mismo estilo.
| Comparación
de valores en diferentes estilos:
|
| CLÁSICO
|
GÓTICO |
BARROCO |
Armonía
|
Exageración |
Complejidad |
Simplicidad
|
Espontaneidad
|
Profusión |
Representación
|
Actividad |
Exageración |
Simetría
|
Complejidad |
Redondez |
Convencionalismo
|
Discursividad |
Audacia |
Organización
|
Audacia |
Detallismo |
Dimensionalidad
|
Variación |
Variedad |
Coherencia
|
Distorsión |
Colorismo |
Pasividad
|
Irregularidad |
Actividad |
Unidad
|
Experimentalismo |
Diversidad |
|
Verticalidad |
|
La comprensión y la meditación sobre la
relación profunda y poco explícita entre
la armonía y el contraste son fundamentales a la
hora de afrontar las composiciones. Un paisaje en el que
todo es armónico nos transmitirá paz, pero
también aburrimiento visual: un esquema en el que
todo está resuelto, cada elemento ocupa el lugar
para el que parece haber sido concebido, sin ninguna sorpresa
visual. Sin embargo un paisaje con valores de contraste
también puede lograr transmitirnos paz y sosiego,
pero desde fórmulas más arriesgadas y menos
convencionales. La comparativa visual podría ser
un ejemplo de equilibrio simétrico, sobre un eje
horizontal o vertical, y otro asimétrico, en el
que unos elementos compensan el peso o la presencia visual
de otros sin tener simetría alguna.

Nuestra
inteligencia visual funciona en tres niveles: realista,
abstracto y simbólico y podemos crear interacciones
armoniosas dentro de este sincretismo. Las fuerzas de
la expresión pueden ser manejadas para dosificar
el impacto visual de la imagen. Las soluciones visuales
deben venir estructuradas a través del estilo,
personal y cultural. Los estilos en el arte hacen referencia
a una metodología expresiva fundamentalmente y
por ella son reconocidos, aunque hagan referencia a enclaves,
periodos o emplazamientos. Es el método, los refinamientos
y las variantes de la técnica los que permiten
identificar la individualidad estilística, o bien
la comunidad con otros artistas en un mismo estilo.
Ejercicios
Si practicamos
estas técnicas con diversos ejercicios podremos
mejorar y/o entender mejor nuestras composiciones y el
porqué de su impacto visual. El porqué tiene
mayor prioridad para nuestro ojo el ángulo inferior
izquierdo de una composición, el valor de las diferencias
de peso arriba/abajo e izquierda/derecha en las decisiones
compositivas... Además de las formas consideraremos
más las luces, ya que el ojo circula por ellas
a lo largo de una imagen. Por tanto la conjugación
de las posiciones de las formas y las luces determinan
la composición de una imagen y su impacto.
Si somos
capaces de crear una imagen a base de puntos y líneas
¿Cuánto no podremos mejorarla con una fotografía
en blanco y negro del mundo real? Y una vez que podemos
crear imágenes estéticas y llenas de contenido
¿Cuánto mejor podremos enriquecerlas con
el color?

La finalidad
de estos ejercicios que propongo es únicamente
trabajar por separado los elementos básicos de
la sintaxis de la imagen. En este caso las prácticas
son simples pero útiles ejercicios de composición.
Para avanzar y profundizar debemos acometer con posterioridad
ejercicios de estilo, para también definir por
separado los valores pares de la armonía y el contraste:
Unidad – Fragmentación, Escasez – Profusión,
Opacidad – Transparencia…
-El dibujo
de líneas con los elementos básicos. Realizar
encuadres tanto verticales como horizontales sobre papel
y distribuir en ellos puntos, líneas y contornos.
Prestar especial atención a la dirección
y la escala.
-La distribución
de elementos dados para componer una escena. Con el dibujo
o recorte de un árbol, círculos, cuadrados,
triángulos y líneas en cantidad definida
de antemano, componer un encuadre.
-Plasmar
dentro de un encuadre determinadas sensaciones y lo que
nos inspiran a base de dibujos abstractos de líneas.
Por ejemplo, el odio podemos representarlo con ángulos
y líneas diagonales.
-Reducir
a dibujos esquemáticos con las formas básicas
algunas de nuestras mejores fotos.
-La fotografía
en B/N. Realizar encuadres y fotografiarlos en blanco
y negro. Comparar los resultados con el color. Obviamente
debemos prestar atención a la composición
y distribución de elementos y sus tonos, no al
color. Dedicar tiempo a ver imágenes en blanco
y negro de autores reconocidos. Pasar algunas de nuestras
mejores imágenes al B/N y analizarlas.
-Dedicar
varias salidas a realizar fotos experimentales jugando
sólo con el color. Realizar fotos desenfocadas
prestando atención sólo a la distribución
de colores y formas abstractas.
-La aplicación
de todo a la fotografía en color. Una vez que dominamos
algunas de las partes de la composición empezamos
a aplicarlo todo junto con el color. Cuánto más
largo haya sido nuestros proceso previo de ejercitación,
mejores serán los resultados.

©
José Benito Ruiz
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