Con
un grupo de fotógrafos, decidimos recorrer algunas zonas del
NOA, al llegar a la provincia de Salta, optamos por hacer base en
el dique Cabra Corral, más precisamente en Punta de Mahr, un
complejo construido al borde de la laguna el que cuenta con todas
las comodidades (camping, cabañas, etc). Allí nos atendió
Raúl Mahr -su dueño-, un salteño enamorado de
su tierra e incansable luchador por cuidar las bellezas naturales
y las riquezas culturales de la zona.

Vista
del dique Cabra Corral desde el complejo Punta de Mahr.
© Belen Etchegaray / FNA
El
Dique Cabra Corral, se encuentra a 65 kilómetros de Salta capital,
en la localidad de Coronel Moldes. Es un embalse artificial de 127
kilómetros cuadrados, -el segundo más grande de Argentina-
y la principal reserva hidroeléctrica del Noroeste argentino;
el que reúne las aguas de todos los ríos de la región
de los Valles Calchaquíes, los que además de aportar
agua para el riego de 110 mil hectáreas en Salta y Santiago
del Estero, ofrece un lugar ideal para disfrutar de la naturaleza.

Si
bien usamos Punta de Mahr como base para, desde allí, recorrer
diferentes zonas de Salta, la salida que más disfrutamos fue
justamente la que emprendimos con Raúl el último día,
hasta la Quebrada de Ablomé.
Abordamos entusiasmados su lancha, disfrutando del paisaje y realizando
algunas fotos de cormoranes y diferente tipo de garzas, mientras Raúl
nos contaba parte de la historia de los Huachipas –pueblo originario
que habitó esa región-, y de su lucha por intentar conseguir
que se protejan esas tierras.

El
grupo junto a Raul Mahr en su embarcación.
© Belen Etchegaray / FNA

Garza
blanca.
© Belen Etchegaray / FNA
Luego de un poco más de media hora de navegación, llegamos
a una zona donde se ven incontable cantidad de árboles muertos
asomándose desde el fondo de la laguna; los que se muestran
como firmes custodios de una región que guarda un tesoro que
no muchos saben apreciar.

Paisaje
desde la Quebrada Ablomé.
© Belen Etchegaray / FNA

Ni
bien bajamos de la embarcación, comenzamos a subir una pequeña
cuesta escarpada que nos llevó hasta la sima de un pequeño
peñón, desde allí se llega a divisar el increíble
paisaje de lo que hace tiempo había sido un pequeño
valle entre las sierras (ahora inundado por las aguas de la construcción
de la represa). Desde la cima se ve el cerro El Fuerte, y si afinamos
un poco la vista, podremos llegar a visualizar el vuelo del majestuoso
Cóndor.
Condor
andino.
© Belen Etchegaray / FNA
Unos
pasos más arriba, se comienzan a ver una veintena de morteros,
llamados “ojos de cielo”; este nombre se debe a que, cuando
llueve y los morteros se llenan de agua, se reflejan en cada uno de
ellos un pedazo del cielo. El nombre que hoy tienen es más
“romántico” que real, dado que se cree que esos
morteros no estaban destinados para la molienda del grano, sino más
bien fueron construidos como una zona de sacrificios y ofrendas a
los dioses, ya que los Huachipas creían que en el cerro El
Fuerte habitaban sus ancestros reencarnados en Cóndores y a
ellos ofrecían sus ofrendas.

Mortero
tallado en la piedra.
© Belen Etchegaray / FNA

La
colocación de los morteros (tallados en la roca) no está
hecha al azar. Si uno se coloca en el mortero principal y derrama
el líquido que se encuentra en él –en nuestro
caso, el ejemplo se realizó con agua de lluvia que había
en él-, el líquido corre “naturalmente”
por el declive de la piedra hasta llegar a cada uno de los más
de 20 morteros esparcidos unos metros más abajo. Se cree también
que su ubicación está ligada a las estrellas y los astros.
Luego
de un buen rato, descendimos unos metros hasta una gran roca conocida
como “formación pirgua”. Se trata de una arenisca
poco compacta de color rojizo (período cretácico). Nuestra
sorpresa se incrementó al descubrir delante de nuestras narices
cientos de petroglifos y pinturas rupestres que se mantienen en un
asombroso estado de conservación, las mismas se mostraban como
si la madre tierra nos hubiera abierto un libro de cientos de años
para dejarnos conocer su historia.

"Chaman",
pintura rupestre.
© Belen Etchegaray / FNA
En
lo personal, las pinturas rupestres siempre crearon un encanto especial
en mí... y es que siento que quienes las hicieron son los antecesores
de los “fotógrafos de naturaleza”... hoy usamos
una cámara para retratar el mundo natural; ellos en su momento
utilizaron diferentes técnicas para dejar plasmado los animales
que veían; y en esta oportunidad no fue diferente.
Entre las diferentes imágenes, podíamos ver claramente
figuras representativas de guanacos, surys, pumas... además
de otras figuras representando al chamán, escudos, hachas,
mujeres y otras figuras geométricas en perfecto estado de conservación.

"Puma",
pintura rupestre.
© Belen Etchegaray / FNA


"Guanacos",
pintura rupestre.
© Belen Etchegaray / FNA

"Sury",
pintura rupestre.
© Belen Etchegaray / FNA
Los
Huachipas, quienes tenían una cosmovisión propia del
mundo, dejaron grabada aquí parte de su historia y su forma
de vida. Eriza la piel estar en ese lugar sagrado (sagrado para los
Huachipas... sagrado para quienes respetamos a nuestros pueblos originarios)
intentando imaginar las vidas pasadas, los sentimientos de quienes
escribieron su historia de espalda a la tierra y con el corazón
hacia el cielo.

Fotografiando
algunas de las pinturas rupestres.
© Belen Etchegaray / FNA

"Figuras
geométricas ", pintura rupestre.
© Belen Etchegaray / FNA

"Guanaco",
pintura rupestre.
© Belen Etchegaray / FNA
Lamentablemente
y aunque la zona no es de fácil acceso, algunos inescrupulosos
han intentado llevarse parte de las pinturas, pudiéndose ver
claras marcas de cinceles alrededor de algunas de las figuras. Esta
es una de las razones por las cuales Raul Mahr hace años comenzó
un incansable trabajo por intentar lograr que la zona sea protegida
(sin haberlo logrado aun).

"Pumas
y guanacos", pintura rupestre.
Debajo de las dos figuras de los pumas, se puede ver claramente la
marca creada por los golpes de quienes intentaron llevarse parte de
las pinturas.
© Belen Etchegaray / FNA
........
"Guanacos
y otras figuras", pintura rupestre.
Debajo de la figura del guanaco que se encuentra abajo, se puede ver
la marca creada por los golpes de quienes intentaron llevarse parte
de las pinturas. (detalle en la foto de la derecha).
© Belen Etchegaray / FNA
Ojala
que con el tiempo, muchos más se sumen a esta cruzada, para
que los que vengan después de nosotros puedan seguir conociendo,
apreciando, valorando y respetando estos libros sagrados de piedra,
para que no quede en el olvido a merced de los egoístas de
siempre.
©
Belen Etchegaray
Enero 2011