Hacía año
y medio que había visitado los Esteros por primera
vez, y como todo quien conoce estas mágicas tierras
correntinas, al irme me prometí regresar, finalmente
cumplí mi promesa casi terminando el 2007.
Como en otras oportunidades,
equipo fotográfico, guías, recomendaciones
y la ansiedad que encierra encarar un viaje de una semana
a un destino soñado, marcaron el punto de partida.
El viaje de ida se hizo de un solo tramo, haciendo solo
cortas paradas para cargar nafta o comprar alguna bebida.
Salimos de Buenos Aires a las 7 am y llegamos a Mercedes
al mediodía con tiempo suficiente para encarar
con calma los 112 km que nos separaban de Carlos Pellegrini.
Desde Mercedes, emprendimos
emocionados la aventura de dejar el asfalto y fue alentador
ver que el camino de ripio se encontraba en mejores condiciones
que en el viaje anterior, lo que no significa que uno
deba andar como si fuera una autopista, dado que en algunas
pocas zonas aun se complica el paso por las huellas de
camionetas marcadas en el camino; y a lo largo de todo
su trayecto hay que andar con cuidado por la cantidad
de animales sueltos, razón por la cual no es extraño
encontrar rastros de carpinchos, caranchos, mulitas y
diferentes ofidios atropellados en el camino. Hay que
tomárselo con calma y comenzar a disfrutar del
viaje desde el mismo momento en que se deja el asfalto.

Iberá es una palabra
de origen guaraní que significa "aguas brillantes",
haciendo alusión a la manera en que brilla la luz
en el reflejo de sus esteros, lagunas y bañados
que, en su conjunto, tienen una extensión de 13.000
km2.
Iberá es uno de los ecosistemas más ricos
de Argentina, situado entre los ríos Paraná,
Paraguay y Uruguay, dentro de una de las cuencas hidrográficas
más vasta del mundo: la del río de la Plata.

Con el objeto de preservarla,
en 1983 se creo la Reserva Natural, la cual alberga una
colorida flora, unas 350 especies de aves y una variada
fauna entre la que podremos encontrar ciervo de los pantanos
(Blastocerus dichotomus), lobito de río (Contra
longicaudis), yacarés ñatos u overos (Caimán
latirostris), aguará guazú (Chrysocyon brachyurus),
carpinchos (Hudrochaeris hudrochaeris), monos Carayá
(Alouatta caraya), lagarto overo (Tupinambis teguixim),
víboras de cascabel, coral y yarará entre
otras, que en su conjunto encuentran en esta inmensa región
refugio seguro conviviendo en armonía entre pastizales,
sábanas y esteros.

Emprender el recorrido de
reconocimiento por las calles de Colonia C. Pellegrini,
significó redescubrirla como solía ser.
Su arquitectura solo se ve modificada por la presencia
de algunas lujosas hosterías rodeadas de calles
de tierra, casas de adobe, ganado, gente humilde, gauchos
a caballo y una paz que se filtra hasta lo mas hondo.
A primera impresión uno agradece haberse abastecido
en la ciudad de Mercedes dado que a lo largo de sus calles,
solo pudimos encontrar un par de almacenes de ramos generales,
un bar a la vera del camino de tierra y algunas pocas
casas.
Dicen que los correntinos tienen su propio ritmo y una
no tarda en apoderarse de él, haciendo todo con
la calma típica de quien no tiene apuro y disfruta
de cada segundo.
Sus pobladores cordiales mantienen las costumbres del
campo solo alterándolas para atender a los visitantes
abriendo sus casas para ofrecer gastronomía local
a bajo precio. Imperdibles los embutidos caseros, los
“chipá” (panes realizados con queso
y harina de mandioca, una raíz típica de
estas tierras similar a la batata) o los dulces realizados
con frutos locales.

Continuamos nuestro recorrido
en el Centro de Interpretación que se encuentra
al borde de la Laguna Iberá, el que fuera remodelado
hace poco tiempo presentando muy buen material informativo
que ayuda a adentrarse al maravilloso y riquísimo
mundo natural de los Esteros.
Desde el Centro de Interpretación se inician dos
senderos, uno que se encuentra al cruzar la calle: “Senderos
de los monos”, desde donde es posible encontrarse
cara a cara con monos Carayá o auyadores (Alouatta
caraya). Caminando despacio, en silencio y mirando hacia
la copa de los árboles, la adrenalina comienza
a fluir al descubrirlos observándonos desde lo
alto.
Cada zona alberga un solo macho (de color negro) junto
a su prole (hembras y crías de color tostado).
Son bastante curiosos, por lo que en más de una
oportunidad sentimos que nosotras dejamos de ser las observadoras
para ser las observadas.
En ese mismo sendero y acentuando aun mas los sentidos,
es posible encontrarse con corzuelas, las que desde la
densidad del bosque, nos observarán expectantes.




Hacia el otro lado del camino,
se inicia el “Sendero del Cerrito”, en el
que por una galería natural podrán llegar
hasta un descanso arbolado; en el trayecto es posible
encontrarse con gatos monteces (Oncifelis geoffroyi),
carpinchos, infinidad de ranas e insectos; y desde la
densidad de la vegetación con la escurridiza corzuela.
Recomendable transitar los senderos en silencio, despacio
y atentos.
Desde el descanso y hacia la izquierda parte un nuevo
camino desde una elevación realizada en madera
que los llevará a una zona de esteros, pastizales
y bosquecitos donde, en lo personal, he pasado la mayor
parte de mis días en Iberá.
En esa zona es posible ver Corzuelas (Mazama gouazoubira),
Ipacaa (Aramides ypecaha) , Caranchos (Polyborus plancus),
Biguas (Phalacrocórax olivaceus), Carpinchos, zorros,
armadillos y, si los dioses ayudan, algunos ciervos de
los pantanos.





Los Esteros del Iberá
son un destino soñado, permitiéndonos retratar
infinidad de fauna sin demasiadas esperas o uso de hydes.
Pero la magia del Iberá se encuentra entre los
Esteros, por lo que una o varias salidas en lancha son
indispensables, desde donde los experimentados boteros
lo llevarán a recorrer primero la laguna, para
luego adentrarse hasta llegar a una zona de ríos,
arroyos y embalsados.

Los embalsados son islas flotantes que se forman con la
acumulación de camalotes, sedimentación
de tierra y restos vegetales. Las aves y el viento son
las encargadas de depositar en ellos las semillas que
dan origen a una fabulosa vegetación, e impresiona
caminar sobre ellos y ver como crecen árboles de
gran porte como si se tratara de tierra firme.
Tras unos minutos navegando
con la lancha a motor sobre la laguna, se aminora la marcha
hasta apagar el motor y comenzar a desplazarse a fuerza
de músculos. Desplazándonos a través
de los embalsados todo era silencio, éste solo
era roto por el canto de las aves, el golpeteo del remo
contra el agua y la propia respiración.
Todos los sentidos se acentúan y la naturaleza
no tarda en explotar en una cantidad impresionante de
aves y animales que se encuentran allí, al alcance
de la mano, y nuestra lista de avistajes aumenta cada
100 metros: ñandúes (Rhea americana), caranchos
(Polyborus plancus), cigüeñas (Ciconia maguari),
garzas brujas, blancas, azuladas, águilas, lagartos
overos (Tupinambis teguixim), carpinchos (Hudrochaeris
hudrochaeris), yetapa de collar (Alectrurus risora), Federal,
Lavandera, Pecho amarillo, Aguilucho pampa y tijeretas
(Tyrannus savana), eran solo algunas de las que retratamos
desde la embarcación.
El botero sabe y si uno demuestra interés, puede
brindar clases magistrales de biología y comportamiento
animal, llevándolos exactamente donde están
los animales y señalando con maestría el
sinnúmero de aves que encuentra a su paso llamándolas
a cada una por su nombre.









Al navegar los diferentes
tramos, parece increíble que estos hombres puedan
guiarse por esos caminos de agua que por momentos parecen
ser todos iguales, pero son conocedores de la zona y se
han convertido en custodios de la Reserva, asesorando
con el conocimiento del que ama y respeta su tierra.
Seguimos bordeando una de
las costas en silencio con todos los sentidos atentos
con la esperanza de ver a quien más estábamos
buscando: el ciervo de los pantanos (Blastocerus dichotomus).
De repente ahí estaba pastando, levantó
la cabeza, y solo se escucha las ráfagas de disparos
de las cámaras fotográficas. Luego de unos
minutos, tranquilo dio media vuelta y desapareció
tras los pastos altos.


Luego de una
semana caminando y navegando los Esteros, contabilizamos
más de 50 especies de aves y más de 10 de
mamíferos retratados con nuestras cámaras:
Emprendimos el regreso a casa dejando atrás uno
de los lugares menos promocionados de Argentina y mas
cuidado por sus lugareños, esos que se pierden
día tras día en sus aguas brillantes hablándole
a todo el que se le acerque de sus bichos, de sus historias
y de los encantos inigualables de este paraíso
perdido en el medio del corazón de la provincia
de Corrientes que, aun con el paso de los años,
sigue siendo como solía ser.
Como el año anterior, nos prometimos regresar pronto.

RECOMENDACIONES

Llevar suficientes
baterías, pilas, memoria y rollos, en Colonia Carlos
Pellegrini no podrá conseguir. Si cuenta con equipo
digital, asegurarse de llevar un disco portátil,
tampoco encontrará donde bajar las fotos, ni existen
cybercafés.
No se necesitan de permisos especiales para realizar fotografías.
El verano no es la mejor época para visitar la
reserva, ya que la temperatura llega a ser muy alta alcanzando
los 41 grados centígrados.
Recomendable llevar repelente para insectos, botas de
goma de caña alta, gorro para el sol.
DONDE
DORMIR
En Colonia
Carlos Pellegrini hay una variada oferta donde hospedarse:
RANCHO IBERA
Buenos precios, muy buen servicio y la cordialidad de
Tati, Gastón y Rosa harán de su estadía
inolvidable.
Contacto:
Tati: ranchoibera@yahoo.com.ar / www.corrientes.com.ar/ranchoibera/
ÑANDE RETA
Una de las hosterías más lindas del Iberá.
Para exigentes.
Contacto:
Estrella: nanderetaq@nandereta.com / www.nandereta.com
CAMPING:
Al momento (Nov 2007) se encuentra cerrado y en remodelación.

Todas
las fotografías
fueron obtenidas en los Esteros del Iberá en Noviembre
del 2007 y Marzo del 2008
©
Belén Etchegaray
Se agradece al cuerpo de guías y guardaparques
de la Reserva Natural Iberá la disposición,
información y cordialidad brindada en cada viaje.