
La
búsqueda
Afrontar
la fotografía con ciertas garantías de éxito
supone invertir una gran cantidad de tiempo y esfuerzo
en hacer localizaciones. La búsqueda de encuadres
es parte de la clave de una buena imagen. Una vez localizado
el encuadre, debe determinarse cuál o cuáles
serán las mejores horas de luz para acudir con
el equipo fotográfico y la óptica u ópticas
idóneas para la toma.
Localizar
escenarios para las fotografías nocturnas es más
complicado de lo ordinario, al influir un mayor número
de factores, pero con algo de práctica puede convertirse
en un reto realizable. En este tipo de fotografía
nada debe quedar al azar. Reloj, linterna, pilas, carretes,
cámaras y objetivos, trípodes, flashes,
cables disparadores, mapas, etcétera; todo debe
quedar ordenado y preparado para cada sesión. De
no ser así puede resultar que de noche no encontremos
la localización, o bien que tras un par de horas
de conducción hayamos llegado tarde para plasmar
la luz que queríamos, o bien que hayamos olvidado
algún componente esencial del equipo. Tratar de
ser metódico en la preparación del equipo,
en las mediciones de cada toma, en cada detalle de la
localización, evita sinsabores y fracasos. Ya hay
suficientes factores aleatorios en la propia noche (aparición
de nubes, frío, dificultad para orientarse, ver
y caminar...) como para dejar cabos sin atar. Al principio,
hasta que podamos calcular los tiempos de exposición
a ojo, será muy útil anotar en una libreta
todos los datos que podamos referidos a las fases lunares,
las horas, diafragmas utilizados, focales de los objetivos
y los tiempos de exposición.
En cuanto a la fauna nocturna, nuestros únicos
aliados son la documentación sobre la especie a
la que vamos a fotografiar, un gran respeto por la misma
y mucha paciencia. El resto debe ser trabajo de campo
y un equipo fotográfico fiable. Hay animales que
se alteran notablemente por el destello de los flashes.
Otros son tan rápidos o sigilosos que precisan
del uso de trampas fotográficas (de pisar, de tirar
de presa...) o barreras de haces de luz infrarroja o láser
para activar la cámara.
Ante el
arduo trabajo e inversión que supone afrontar la
fotografía de cualquier especie nocturna, debemos
ser extremadamente previsores y cautos. Lo más
difícil es, sin duda, localizar el nido, posadero,
madriguera, senda o lugar que el animal suele frecuentar
o al que queremos atraerlo. Una vez que hemos dado con
el individuo a fotografiar tenemos la mitad del trabajo
hecho, sobre todo en estos tiempos en los que la fauna
se ha visto afectada por innumerables problemas y muchas
especies se han rarificado o escasean hasta límites
insospechados.
El equipo
Los equipos
propuestos a continuación son sugeridos. No deben
ser considerados como mínimos para afrontar el
trabajo profesional, ni tampoco como estrictamente lo
que hay que llevar. De hecho hay muchos fotógrafos,
entre los cuales me incluyo, que llevan mucho más
equipo (por lo que pueda pasar).
El equipo
mínimo que utilizo para fotografiar paisajes nocturnos
es el siguiente: dos cámaras, preferiblemente manuales,
que permitan exponer en posición B y con disparador
con enganche para cable; cables disparadores robustos
con bloqueo de exposición; objetivos angulares
de 20 a 35 mm, estándar de 50 mm y tele corto tipo
75 a 100 mm (donde los diafragmas deben abrir como mínimo
a f/2'8); trípodes robustos; y por último
un flash con teleflash.
Para fotografiar
fauna hay varias modalidades. Siempre es preciso conocer
la focal que vamos a necesitar y disponer de un mínimo
de dos flashes. Resulta muy práctico si ambos tienen
célula fotosensible incorporada, cabezal con zoom
y una potencia similar, con número guía
superior a 45. Los flashes suelen dispararse en manual
o bien en TTL si es uno sólo. Dado que las tablas
de exposición que incorporan los flashes no son
del todo fiables, podemos utilizar al principio un flashímetro.
En muchos casos, ante la escasa visibilidad y los agudos
sentidos de los sujetos que queremos fotografiar, resulta
imprescindible una barrera sensora que dispare el equipo.
Las trampas fotográficas permiten al fotógrafo
ausentarse, con lo que se incrementa las posibilidades
de éxito. Según el grado de sofisticación
del equipo que manejemos podemos incorporar un sistema
de vídeo para controlar el equipo y el encuadre.
La cámara debe ser de tamaño muy reducido
y debemos marcar su posición vertical correcta
para evitar ponerla inclinada. En un vehículo alejado
hasta 500 metros de la localización podemos ubicar
el receptor de onda o cable y enchufar un monitor.
Entre los
accesorios del equipo para fotografía nocturna
entran elementos como el reloj, la linterna, pilas de
repuesto, cables disparadores de repuesto, nivel de burbuja
para asegurar la horizontalidad, brújula, más
equipo fotográfico, etc.

La fauna nocturna
En el caso
de querer fotografiar animales al rececho o bien incluirlos
en exposiciones con estrellas, nuestro principal problema
es que los localizaremos en un medio y condiciones en
los que ellos son muy superiores. Personalmente no he
utilizado visores nocturnos salvo de prueba, y por tanto
no puedo recomendar o desautorizar su uso, pero es muy
importante que el aparato esté dotado de un sistema
de seguridad de corte ante una luz imprevista. Una linterna,
aunque no tenga gran potencia, nos ayudará mucho
para localizar mamíferos poco asustadizos, como
las cabras montesas y otros ungulados, que en algunos
lugares se muestran confiados. El brillo de la fóvea
de sus ojos, aún con luces de baja intensidad,
los delatará.
No acaba
el problema en la localización, ya que, salvo el
caso de equipos muy perfeccionados o de condiciones de
luz de luna excepcionales, enfocar puede ser una tarea
casi imposible. Para ello un buen sistema consiste en
fijar un puntero láser (su luz alcanza varios kilómetros)
sobre el animal o el entorno inmediato (una roca sobre
la que descansa, una rama próxima). Enfocar la
luz del láser resulta más fácil y
ésta es más discreta que iluminar toda la
escena con focos potentes, con lo que el animal se vería
deslumbrado y alteraríamos sin duda su comportamiento.
Además de la ética de no causarle perjuicio
alguno, la luz de baja intensidad nos permite fotografiar
sin despertar un inmediato impulso de huida.
Hay que
tener muy en cuenta que los teleobjetivos captan mucha
más luz de noche que los angulares, por lo que
los tiempos de exposición se reducen mucho. Con
luz de luna llena y alta en el horizonte, con un 300 mm,
a diafragma de 2'8 y con película de 100 ISO, el
tiempo de exposición puede ser de menos de dos
minutos, dependiendo de otras variables. Es difícil
que el animal no se mueva en absoluto en ese espacio de
tiempo; por ello hay que perseverar. Muchas especies,
una vez descubiertas, permanecen estáticas, observando
atentamente nuestros movimientos. Este comportamiento
juega a nuestro favor.
Para fotografiar
a un animal incluido en un paisaje debemos comenzar por
determinar la exposición general y luego atraer
al sujeto a una zona en sombra del encuadre. Una vez allí
la trampa disparará un flash que lo iluminará
adecuadamente y congelará su movimiento. Si el
animal no estuviera en una zona de sombra densa, la luz
de la luna impresionará el paisaje, el fondo aparecerá
a través de él en cuanto huya, y tendrá
el aspecto de un fantasma.
Hay animales
que se mueven en la noche de forma tan rápida o
sigilosa que se hace necesario el uso de trampas fotográficas.
Hay varios sistemas para que el animal se haga a sí
mismo la foto, es decir, dispare la cámara o los
flashes (en caso de haber dejado la cámara en posición
B). Las trampas de tipo mecánico precisan de la
intervención directa del animal, que debe pisar
una platina o bien tirar de un cebo, para activar el sistema.
Este tipo de trampas precisa de gran habilidad para camuflar
el mecanismo que las acciona, pero fueron muy utilizadas
antaño hasta la invención de las barreras.
Las trampas
de tipo electrónico se basan en barreras de haces
de luz infrarroja o láser para activar la cámara.
Cuando el animal cruza el haz cierra un circuito y el
sistema se acciona. La barrera dispara la cámara
o los flashes. La barrera puede ser instalada en lugares
de paso, de reproducción —con las debidas
precauciones— o bien en otros a los que se atrae
al animal mediante un cebo (que puede ser alimento, un
reclamo o bien un cebo de olor). Las barreras sirven para
fotografiar todo tipo de animales vertebrados o invertebrados,
con someros cambios. La ausencia del fotógrafo
en el escenario de la toma facilita la misma, ya que de
esta forma los agudos sentidos de algunos animales no
podrán descubrir su presencia.
...
La fotografía nocturna de paisaje
Las exposiciones
de varios minutos o varias horas muestran una sorprendente
cantidad de movimiento de los astros. Este movimiento
crea interés y el desplazamiento de las estrellas
puede ser previsto. Con la estrella Polar en cualquier
parte de la imagen, observaremos cómo el resto
de las estrellas dibujan círculos de luz alrededor
de ella. Saber dónde está la estrella Polar
debe ser prioritario para tomar fotografías nocturnas.
De día, durante la localización, una brújula
nos indicará la dirección norte mostrándonos
el lugar en que podemos esperar que esté cuando
llegue la noche. Podemos también decidir si la
dejamos fuera del encuadre. Un encuadre que tenga la Polar
alejada del mismo dará como resultado líneas
de estrellas más largas. Para localizar la Polar
de noche visualmente hay orientaciones sencillas que toman
como referencia constelaciones como la Osa Mayor o bien
Casiopea.
La luz
que la Luna refleja está polarizada en proporciones
variables. Nuestro satélite absorbe una de las
dos vibraciones luminosas que le llegan desde el Sol,
de forma que prevalece sólo la más intensa
y está polarizada, como toda luz reflejada. La
proporción de esta luz varía con el ángulo
de la fase lunar. Alcanza su máximo en los cuartos
lunares y queda anulada dos días antes y dos después
de la luna llena.
Los tipos
de resultados que podemos esperar en la fotografía
nocturna de paisaje básicamente son:
* Exposiciones
muy largas debido a la ausencia de luna, de más
de una hora de duración.
* Exposiciones largas de un mínimo de 5 minutos,
con recorrido de estrellas formando líneas semicirculares.
La iluminación puede ser lunar, artificial o mezcla
de ambas.
* Exposiciones crepusculares cortas con la Luna en el
cielo.
* Exposiciones cortas al inicio de la noche, con o sin
uso de flash, y estrellas formando puntos con cielo azul
oscuro de fondo.
* Técnicas variadas como dobles exposiciones y
efectos con flashes.
En una
noche sin luna, se puede empezar la exposición
tras el crepúsculo, lo que dará un cielo
azul saturado y una silueta contrastada con el fondo.
Si se empieza en oscuridad sin luna, la exposición
necesita ser de un mínimo de tres horas para un
fondo del recorrido de las estrellas y una silueta definida
del paisaje, con un objetivo de 28 mm, película
de 50 ISO y f/2'8. Salvo que haya polución lumínica
de fondo, el cielo quedará esencialmente negro.
Una ventaja
de fotografiar en una noche sin luna es que se puede empezar
la exposición al anochecer y acabar al amanecer
—un potencial de 8 a 10 horas—. Ello dependerá
de la focal del objetivo utilizado, del diafragma y del
tipo de película. La imagen resultante puede ser
espectacular, con líneas de estrellas extendiéndose
de horizonte a horizonte. Sin embargo, cuanto más
larga es la exposición, más grano aparece
en la imagen resultante y tendremos menor control sobre
las dominantes de color.
Las imágenes
de líneas de estrellas con un paisaje iluminado
por la Luna resultan con un trayecto más corto,
dependiendo de la luz lunar y del diafragma empleado.
Sin embargo hay que cuidar la exposición para que
no parezca totalmente de día o se sobreexpongan
las claridades. También debemos saber que a diafragma
más cerrado, menos estrellas aparecerán.
Al cerrar el diafragma sólo las estrellas más
brillantes impresionan la película y el efecto
obtenido es menos espectacular. Por el contrario, diafragmas
de f/1'4 ó f/2, por ejemplo, registran muchas estrellas,
incluso las de brillo más débil. A simple
vista también solemos ver muchas menos estrellas
de lo que luego aparece en la imagen si la hemos tomado
con un diafragma adecuado.
También
hay que tener en cuenta que en invierno la Luna se eleva
mucho más que el Sol en el horizonte y aquellos
lugares que no reciben sol directo durante el día,
debido a su orientación, es posible que reciban
la luz de la Luna de noche. La Luna no padece las fluctuaciones
estacionales en su órbita de la misma forma que
el Sol, y se eleva muy alto en el horizonte incluso en
pleno invierno.
Con luna
creciente, es posible efectuar exposiciones de varias
horas. Se necesita al menos una hora para que aparezca
el color y detalle en el paisaje. Una exposición
de 30 minutos a una hora funcionará con media luna.
Un día o dos después de la media luna, las
exposiciones descenderán entre 20 y 45 minutos.
Los tres o cuatro días antes de la luna llena,
las exposiciones de 10 a 20 minutos todavía tienen
la suavidad de la noche y un cielo profundo de color azul
saturado.
Exposiciones
recomendadas para obtener líneas de estrellas con
un objetivo de 28 mm y película de 50 ISO a f/2,8:

Exposiciones
recomendadas para obtener líneas de estrellas con
luna llena en función de la distancia focal del
objetivo y con película de 50 ISO a f/2'8:


Algunos
aspectos a tener en cuenta.
Los tiempos
de exposición pueden variar mucho según
las condiciones ambientales. No es lo mismo fotografiar
en la cima del pico Urbión o en Ordesa, que en
el Desierto de Tabernas, por ejemplo. De las partículas
en suspensión, calima, leves nieblas y otras condiciones
ambientales depende mucho el tiempo a compensar en cada
toma. También varía considerablemente la
exposición si la luz incide de forma lateral o
bien en una toma a contraluz. La adición de luz
de flash debe ser tenida también en cuenta y deberemos
familiarizarnos en la forma en que afecta a la exposición
y al efecto de su temperatura de color, que puede ser
alterada mediante un simple filtrado con papel de celofán
o filtros de resina.
Si utilizamos
película de diferente sensibilidad, 100 ISO por
ejemplo, las exposiciones se acortan a algo menos de la
mitad del tiempo, ya que hay que compensar el factor de
fallo de la reciprocidad.
Las exposiciones
basadas en la luz de la luna únicamente suelen
mostrar predominantes de color ligeramente tendentes al
amarillo e incluso al verde en muchas de las marcas de
película diapositiva que se comercializan. Con
exposiciones de más de 20 minutos se obtiene un
grano más apreciable y una dominante verde muy
acusada. Las condiciones atmosféricas y luces artificiales
parásitas afectan mucho a los colores resultantes
dependiendo de su temperatura de color. Sus dominantes
quedan muy exageradas dado lo prolongado de la exposición.
De hecho muchos lugares fotogénicos de noche (iglesias,
castillos, paisajes...) no permiten cierto tipo de fotografía
nocturna al estar iluminados o al llegarles demasiada
luz parásita. Los mejores lugares son aquellos
aislados por completo de toda iluminación artificial.
Allí podemos decidir con total libertad si basamos
nuestra exposición en la luz de la luna o en una
mezcla de luces, si nosotros aportamos la artificial.
Los objetivos
de tipo gran angular -por debajo de un 50 mm- son más
versátiles y de mayor uso que el resto, ya que
permiten componer en horizontal y vertical incluyendo
una buena porción de cielo. Debemos tener en cuenta
que en las proximidades del horizonte no hay muchas estrellas
brillantes. Sólo cuando se incluye en el encuadre
cielo por encima de un ángulo de 10º podemos
encontrar estrellas brillantes.

Para
empezar a practicar con encuadres para fotografía
nocturna podemos ubicar sujetos prominentes, como rocas
o árboles, recortados en el cielo. Siempre es aconsejable
fotografiar en contrapicado, ya que cuanto más
hacia arriba encuadramos, más estrellas brillantes
aparecen en el cielo. Al fotografiar a diafragmas muy
abiertos debemos tener en cuenta que el objeto más
cercano en el encuadre debe estar a varios metros según
la focal del objetivo que utilicemos (2 metros para un
20 mm por ejemplo). Por ello debemos conocer la distancia
hiperfocal de los objetivos que utilizamos a los diafragmas
que solemos emplear.
Para
componer de noche con escasa luz podemos ayudarnos con
una linterna o con un flash, que nos permitirá
verificar los ángulos del encuadre. Puede resultarnos
muy útil cambiar también la pantalla de
enfoque de nuestra cámara, si lo permite, por otra
más luminosa. Las pantallas de enfoque para macrofotografía
son bastante luminosas y también las comercializadas
bajo la marca Beattie Intenscreen. Un nivel de burbuja
ayudará a prevenir los horizontes demasiado inclinados,
especialmente cuando aparece el mar en el encuadre, ya
que su horizonte es recto y resulta muy evidente si está
torcido.
Hay
que prestar especial atención al aislamiento interior
de la cámara ante la luz parásita que puede
penetrar por el visor ocular y estropear la toma. Para
testear que este aislamiento está en perfecto estado
podemos probar a hacer una foto de día, con la
cámara encuadrando el suelo y el visor expuesto
a plena luz del sol. Una vez revelado podemos comprobar
si la foto está bien expuesta o aparece velada.
En el segundo caso podemos optar por llevarla al servicio
técnico para que cambien la goma negra que rodea
el ocular por dentro y lo aísla de la luz o bien
hacer una tapa para la parte trasera. El uso de una tapa
que cubra el ocular es muy recomendable aunque todo vaya
bien, ya que en el momento en que se deteriore el aislamiento
podremos seguir haciendo fotos.
Las
condiciones de luz
La fotografía
nocturna también se enfrenta a condiciones de luz
imprevisibles, para las que apenas sirven las tablas o
los textos. Únicamente la experiencia puede servir
de referencia en estos casos y aún con ella será
recomendable probar con exposiciones variadas. Las nieblas
que se producen en los cauces de los ríos en las
frías noches de helada son uno de estos casos.
El resultado sólo es previsible en caso de nieblas
que permanecen quietas en una determinada zona y que sólo
cubren una parte del encuadre. El vapor de agua aparece
como difuminado, restando contraste a aquellas partes
del encuadre a las que afecta.
Una tormenta
presenta también condiciones de luz muy variables
que dependen de la cadencia de los relámpagos y
de su intensidad. Las condiciones de trabajo suelen ser
duras salvo que tengamos la suerte de estar a salvo de
la lluvia, bien por estar a cubierto o bien por estar
fuera de su acción. De lo contrario el agua y el
viento nos harán padecer por el resultado y por
el equipo. Un toldo de plástico nos servirá
para ponernos a resguardo utilizando como anclaje el techo
de nuestro vehículo o algunos árboles próximos.
El propio vehículo no ofrece garantía alguna
para la toma de fotografías, ya que se mueve demasiado
con nuestra presencia o con cualquier ráfaga de
aire. Para fotografiar en las tormentas nos será
muy útil un trípode robusto. En el breve
tiempo que dura un relámpago debemos ser capaces
de encuadrar y mientras la cámara expone la película
hay que calcular la luz que se va sumando para decidir
cuándo llega el momento de cerrar el obturador.
Una considerable ayuda la encontramos en cámaras
con sistemas de medición en tiempo real. Por último,
no olvidemos respetar las medidas de seguridad oportunas.
La nieve
plantea, ¡cómo no!, sus propios problemas
para la realización de fotografías nocturnas.
Los accesos suelen ser difíciles por carretera
debido al corte de ciertos tramos si la nevada es muy
reciente y hay que estar provisto de cadenas para el vehículo.
Si éste es un todoterreno tendremos más
probabilidades de acceder a lugares donde un turismo no
llega. Una vez en la localización, es probable
que tengamos que enfrentarnos a espesores por encima del
medio metro de nieve, para lo que debemos emplear un calzado
especial, polainas y, a ser posible, raquetas si la nieve
está todavía blanda. La presencia de placas
de hielo requiere el uso de crampones y dificulta cualquier
marcha, a la vez que añade cierta peligrosidad.
El frío es un oponente serio y nunca es cómodo
trabajar a temperaturas bajo cero, ni siquiera bien equipados.
En estas condiciones los aislantes para las patas de los
trípodes procuran un tacto agradable y previenen
el que la piel se quede pegada a ellos por el frío,
lo cual es muy doloroso. Para los paisajes con poca nieve
en el encuadre podemos emplear las tablas convencionales
de exposición. Si la nieve está muy extendida
y ocupa la mayor parte del encuadre hay que acortar la
exposición.
Sirva de
ejemplo de cómo la nieve afecta a las tablas de
tiempos, tomemos un 28 mm a f/2'8, con película
de 50 ISO. Para obtener detalle en la nieve, que ocupa
todo el encuadre, junto con otros elementos del paisaje,
deberemos exponer la película un tiempo inferior
a 4 minutos, en lugar de los 6 a 8 minutos recomendados
para luna llena y sin nieve. La nieve actúa como
un reflector y multiplica la luz de luna, además
de exigir una reducción en los tiempos de exposición
para obtener detalle en su color blanco, tal y como sucede
de día.
©
José Benito Ruiz
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