Normalmente,
los aficionados abandonan sus ganas de fotografiar y cuelgan
sus equipos cuando los cielos pierden su color azul. Sin embargo,
en la Naturaleza, las mejores instantáneas suelen obtenerse
cuando las condiciones de luz son bien distintas a las que
ofrecen los aburridos, monótonos y manidos cielos de
postal. Existen regiones de la Tierra donde las nieblas son
prácticamente eternas y tenemos que aprender a sacarles
partido.
Cuando la niebla hace su aparición en el paisaje consigue
que todo lo que toca se transforme de inmediato, y se reduzca
a grupos de siluetas que se recortan y amalgaman en un blanquecino
manto. La niebla oculta una gran cantidad de tonos y formas,
que de otra manera podrían ser conflictivas. Gracias
a ello las posibilidades del fotógrafo se acentúan,
al poder concentrarse únicamente en buscar la mejor
composición.
La niebla confiere a la escena un aire mágico, con
una clara componente azulada, fruto de la reflexión
y refracción de la luz en las diminutas gotas de agua
que la forman. En general, es mejor no corregir esta dominante,
ya que instintivamente la asociamos con este fenómeno
meteorológico. Si nos interesa, por ejemplo cuando
aparezcan musgos, podemos corregir esta dominante con un filtro
cálido como el 81A. De esta forma los musgos aparecerán
con los colores adecuados, aunque sea a cambio de perder la
"sensación de frío" que transmite
la toma.

Un día de agosto, después de
una tormenta de verano, encontramos este hayedo pirenaico
cercano
a Cauterets. Medí la luz con un fotómetro de
mano, cerca de la base del haya. Para evitar la fuerte dominante
azulada que apagaría los musgos utilicé un filtro
cálido 81 A.
Nikon F100. Nikkor 24 mm 1:2.8 a vel. 60 y f/8. Filtro polarizador
y 81A. Fuji Velvia 50 y trípode.
Otra gran ventaja de la niebla es que todo aparece húmedo
y con una buena saturación de color. Esta humedad produce
reflejos que a veces conviene eliminar para aumentar todavía
más la viveza de los colores.
En estos casos el filtro polarizador será de gran ayuda,
a cambio nos exigirá incrementar casi dos puntos la
exposición.
Técnicamente hemos de tener cuidado con la exposición.
La niebla posee un tono más claro que el gris neutro
para el que están calibrados los fotómetros.
Para evitar que nuestra fotografía salga apagada y
grisácea, hemos de sobrexponer entre uno y dos puntos
la exposición recomendada por el fotómetro de
nuestra cámara. Otra posibilidad es utilizar la ofrecida
por uno de luz incidente que, al medir la luz que llega a
la escena en lugar de la reflejada por ella, no se dejará
engañar por el tono de la composición.
Otro buen recurso es medir la luz sobre la palma de la mano
y abrir en un punto la lectura obtenida, aunque la fiabilidad
del método depende del color de la piel y convendría
hacer alguna prueba para saber si se ha de ajustar además
en un tercio por arriba o por abajo. Evidentemente, el sistema
sólo funcionará cuando la mano reciba la misma
luz que ilumina el paisaje.

Cuando
pasamos por este sitio me gustó la forma en que los
árboles se inclinaban sobre el río para aprovechar
la luz. Por desgracia, al fondo había una carretera
y un aparcamiento que estropeaban por completo la escena.
Al día siguiente amaneció con mucha niebla en
esta zona del Pirineo y escondió a la perfección
todo lo que no aportaba nada.
Nikon F100. Nikkor 35 mm 1:2.8 a vel. 60 y f/5,6. Filtro polarizador.
Fuji Velvia 50 y trípode.
Podemos
sustituir la mano por una tarjeta de gris neutro, en este
caso no será necesario ajustar la exposición
como sucedía con la mano.
Cuando el sol aparezca en la escena será imposible
evitar que algunas partes de la misma salgan claramente sobreexpuestas.
Hemos de determinar cual es la mejor exposición excluyendo
estas zonas de altas luces. Para ello, lo mejor será
hacer una medición puntual en una zona de tonos neutros
con el fotómetro de la cámara, o acercarse lo
suficiente para que esta zona ocupe la mayor parte del visor
y después desandar el camino para encuadrar de nuevo.
También podremos usar el fotómetro de lectura
incidente que indicábamos antes. En cualquier caso,
evitaremos que esas zonas altas ocupen más de un 5%
del total, aproximadamente.
Si la zona clara se sitúa únicamente en la parte
superior, en ocasiones podremos utilizar filtros de campo
partido de densidad neutra (también llamados, erróneamente,
filtros degradados neutros) para equilibrar las luces que
reciben los sujetos sobre la película. Los más
adecuados serán los de dos y tres puntos, en formato
cuadrado y de transición suave.
En tomas a contraluz el problema se acentúa, ya que
las zonas cercanas al sol saldrán completamente lavadas.
Sobre negativos no es un problema demasiado importante, pero
sobre diapositivas el resultado acabará, probablemente,
en la papelera. En estos casos podemos medir sobre estas zonas
tan claras y abrir dos puntos la exposición. Tendremos
unas luces correctamente expuestas, aunque a cambio las sombras
saldrán prácticamente negras. De esta forma
podemos obtener impresionantes
juegos de luces que se filtran a través del paisaje
y bañan los árboles.
Otra posibilidad a nuestro alcance es la de simplificar al
máximo las líneas al componer, de manera que
los resultados sean más efectistas. Aislar los elementos
realmente interesantes y desechar todo lo que no proporcione
fuerza a nuestra composición es, sin duda, norma aplicable
a todas nuestras fotos, pero con niebla la regla se vuelve
prácticamente imprescindible ya que, al aparecer los
elementos sin volumen,
lo único que cuenta es su forma.

Si la niebla es muy densa, en pocas ocasiones podremos dedicarnos
al paisaje, a no ser que esté muy concentrada en un
sector del terreno o que el sol se filtre de alguna manera.
Ha llegado el momento de fotografiar
detalles de todo lo que nos rodea: flores, helechos, hojas
secas… Cualquier motivo se convierte en un buen sujeto
fotográfico con la ayuda de la niebla.
En cuanto a películas, las más adecuadas serán
las que proporcionen una gran saturación que resalte
la sutileza de los matices.
Velvia 50 y Ektachrome 100 VS serán buenas candidatas
a perpetuar todo lo que veamos y también lo es, por
supuesto, cualquiera de los sensores digitales del mercado
©
Fran Nieto
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