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Interview
Roberto Rainer Cinti

"No
busco hacer la foto de mi vida.
Busco fotografiar la vida y vivir la fotografía"
Texto:
Belén Etchegaray
Fotografías:
© Roberto R. Cinti
Su
carrera profesional suma casi 30 años de dedicación
a la temática de naturaleza, geografía y ecología
de Argentina.
Fue Director Periodístico de la revista
"Vida Silvestre" (FVSA) y
"Greenpeace en Acción" (Greenpeace Argentina),
Jefe de Prensa de la Administración de Parques Nacionales
(APN),
presidente del Círculo de Periodistas del Medio Ambiente
(CIPEMA),
y co-fundador de Photohunters, primera agencia fotográfica
de la Argentina especializada en naturaleza.
Entre 1995 y 2001, estableciendo una cifra record para un
fotógrafo independiente del país, publicó un
promedio
de setecientas fotos anuales. Además de la Argentina,
sus imágenes han sido editadas en Brasil, Chile, España,
Estados Unidos,
Inglaterra, Italia y Singapur. Ilustraron más de sesenta
libros,
diecisiete guías turísticas, numerosos avisos publicitarios
y revistas del prestigio de "National Geographic" y "Geo".
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FNA-
¿Cómo nació su interés por la fotografía
de naturaleza, cuáles fueron sus primeros pasos en esta
disciplina, cuáles los primeros éxitos y cómo
se fueron dando?
..
RC-
Mi interés por la fotografía de naturaleza deriva
de mi interés por la naturaleza. Y eso vino en los genes.
Nací en un parque nacional: Itatiaia, el primero del Brasil.
Mi abuelo materno atesoró una colección de malacología
y mineralogía superior a la que entonces poseía
el Museo de Ciencias Naturales de Río Janeiro, y -según
la tradición familiar- inventó las patas de rana,
aunque lo madrugaron en el patentamiento. Mi madrina, una dulce
viejita de Copenhague, era capaz de rescatar un pájaro
o una lagartija herida de las manos de sus juveniles agresores.
En Hurlingham, el pueblo en que me crié, mi Vieja enfrentó
a todo el barrio para salvar un árbol que, decían,
iba a levantar el pavimento. Con estos antecedentes, el amor por
la naturaleza fue para mí lo más natural del mundo.
La fotografía, al igual que la escritura -mi otro oficio-,
sólo es un instrumento para defender lo que amo. No sorprende
que mis primeros pasos en la disciplina estuvieran ligados a la
prédica conservacionista. Tampoco, que siga en la huella
tras más de treinta años de profesión.
Traté de aprovechar cada espacio periodístico que
me ofrecieron o logré abrir, desde "El Progreso de
Hurlingham" hasta "Geo" o el "National Geographic".
Publiqué las primeras fotos de naturaleza en la revista
"Aire y So"l, de la que llegué a ser Jefe de
Redacción. Luego vinieron "La Hojita", "Clarín
Revista" y "El Periodista", siempre de la mano
de mis notas. Hoy la lista incluye buena parte de los medios nacionales,
unas cuantas revistas extranjeras y más de setenta libros.
Pero lo que más me enorgullece es haber creado en 1982
la revista "Vida Silvestre", que continúa siendo
uno de los contados medios específicos -si no el único-
para la fotografía de naturaleza en la Argentina. También
me alegra saber que mis notas hayan contribuido a definir la vocación
de más de un biólogo o guardaparque.
FNA- Sus
fotos no sólo se publicaron en infinidad de medios argentinos,
también en Brasil, Chile, España, Italia, Estados
Unidos, Singapur e Inglaterra. ¿Qué diferencia
-si la hay- encuentra entre las editoriales nacionales y las
de otros países a la hora de solicitar material fotográfico?

RC- Casi siempre
publiqué fuera de la Argentina a través de agencias
fotográficas. Por tanto, no tuve demasiado contacto directo
con las editoriales extranjeras y sus requerimientos específicos.
Estimo, sin embargo, que las diferencias no tienen tanto que
ver con países como con el tipo de publicación
de que se trate. "National Geographic" o "International
Wildlife", por ejemplo, tienen elevados estandares de calidad
y una exigencia de variedad a veces abrumadora. Una enciclopedia
se conforma con mucho menos acá y en cualquier parte
del mundo. Lo importante es tener la foto que se necesita.
FNA-
Es co-fundador de Photohunters, la primera agencia fotográfica
de la Argentina especializada en naturaleza. ¿Existe
mercado en este país para tener una agencia dedicada
solamente a naturaleza?

RC- No, para
nada. Por eso Photohunters duró apenas unos años.
En la Argentina, la fotografía de naturaleza no tiene
casi mercado. Al igual que un número acotado de colegas,
yo logro vivir de la fotografía porque también
transito la temática geográfica y la turística.
FNA-
El sueño de todo fotógrafo de naturaleza que
se inicia es llegar a trabajar o publicar alguna fotografía
en el National Geographic. ¿Cómo se llega
a eso?

En mi caso,
sin proponérmelo. La búsqueda de generar conciencia
acá sobre nuestros problemas ambientales hizo que
me importaran más los medios nacionales que los extranjeros
como vehículo de mi trabajo. Jamás me ocupé
demasiado en publicar afuera. La cosa se presentó
casualmente. Hará cinco o seis años, cuando
ya estaba muy lejos del pibe que soñaba publicar
en National Geographic, llegué en tres oportunidades
a la versión española de la revista. Fue a
través de Fotoscopio, una agencia fotográfica
de Buenos Aires especializada en material sudamericano.
Gustavo Di Pace, el director de Fotoscopio, había
establecido una línea directa con quien manejaba
el National Geographic en México DF. Lo demás
fue sencillo: ofrecer material que pudiera interesarle a
las secciones reservadas a la América al sur del
río Bravo. Así ganaron un espacio en la revista
notas y fotos sobre la Payunia -uno de los campos volcánicos
más vastos del orbe-, el rancheo de yacarés
en Formosa y Monte León, nuestro primer parque nacional
costero.
FNA-
¿Qué recuerdos guarda de su experiencia
como guía y asistente de Sebastiao Salgado cuando
viajó por Península Valdés trabajando
para su proyecto Génesis?
RC- Todavía
me estoy pellizcando. No puedo creer que haya compartido
casi un mes con el fotógrafo contemporáneo
que más admiro. Lo mejor del caso es que me encontré
con un hombre sencillo, humilde, cálido, en extremo
trabajador, de inalterable buen humor y dispuesto como
pocos a compartir lo que sabe. Un auténtico maestro.
Le debo, entre tantas cosas, haber aprendido a leer el
paisaje en blanco y negro, a encontrar más sugerente
la gama de los grises que el color. Si mañana vuelvo
al monocromo de los tiempos de fotoclub será su
“culpa”.
FNA-
Sin duda que los viajes de Salgado están planificados
de una manera muy puntual, ¿cómo organiza
los suyos?

RC- Todo
fotógrafo busca multiplicar las oportunidades
de buenas tomas. En mi caso, eso está directamente
relacionado con las mágicas luces del amanecer
y el atardecer. Por eso organizo mis viajes -que no
son tan pródigos en días como los de Sebastiao-
tratando de que el amanecer o el atardecer me encuentren
en el sitio que más importa desde el punto de
vista fotográfico; el que debería dar
lo que en periodismo gráfico se llama “foto
de apertura”. Uso el resto del tiempo para ir
de un lado a otro, investigar, hablar con la gente,
comer y, si es posible, dormir un poco. La cosa se complica
cuando amanece nublado. Entonces no queda otra que reformular
el periplo, usualmente a costa de dormir aún
menos. Uno de los secretos de la mejor fotografía
geográfica es contar con tiempo para esperar
la gran oportunidad. Pero acá no podemos darnos
ese lujo. Cuestiones de mercado, que le dicen.
FNA-
¿Cuál es el equipo con el que suele
realizar tus trabajos?

RC-
Hoy, como tantos fotógrafos, voy camino al
sistema digital. Mientras llega el gran y costoso
cambio, me las arreglo con una cámara Nikon
F5, dos FM2 y una Hasselblad 501c, dotadas de objetivos
originales que van del fisheye al tele de 400 mm.
También tengo un flash Nikon SB26 y otro anular
-que uso poco-, y dos trípodes Manfrotto, que
uso casi siempre. El resto se ciñe a un par
de filtros polarizadores y algunos cables disparadores.
FNA-
¿Cuál es el tema que ahora conoce
y qué lamenta no haber tenido conocimiento
cuando comenzaba con la fotografía de naturaleza?

El
disparo inoportuno, los rollos malogrados y demás
infortunios, son parte del aprendizaje. Quizás
la parte que más enseña. ¿Cómo
lamentarlos? Además, mirar con espanto una
foto hecha quince o veinte años atrás
debe significar más la constatación
de un progreso que el reproche por la oportunidad
perdida.
FNA-
¿Una gran toma qué porcentaje tiene
de equipo, cuánto de conocimiento y cuánto
de dedicación?

RC-
Amén de creatividad, para una gran foto
hace falta encontrar una oportunidad acorde, tener
con qué aprovecharla y saber cómo.
No hay que descuidar ninguno de estos factores.
De poco vale el mejor equipo del mundo si no dominamos
su uso o no estamos dispuestos al esfuerzo que
a veces requiere contar con una oportunidad de
oro. Los grandes de la fotografía dan el
ejemplo. Salgado, que ya pasó los sesenta
años, se bancó estar embarcado de
sol a sol más de un mes para capturar la
colosal elegancia de la ballena franca austral
en Valdés.
FNA-
¿Cuál fue el mayor riesgo al que
ha estado expuesto trabajando en el campo?

RC-
Hace poco, en el Parque Nacional Campo de los
Alisos, el caballo que montaba rodó ladera
abajo entre pedrones... y yo con él. De
puro milagro sobrevivimos los dos. Y pudimos completar
camino a las ruinas incaicas de La Ciudacita,
a 4.400 metros sobre el nivel del mar, apenas
aquejados por algunos raspones y magulladuras.
Según parece, la mochila en que transportaba
el equipo fotográfico fue la que salvó
mi columna vertebral de funestas consecuencias.
Parecida fortuna me acompañó en
el enfrentamiento más desconcertante de
mi vida profesional. Cierta vez, en La Aurora
del Palmar, me atacó un ñandú
adulto. En su atropellada terminó con el
cuello ensartado entre las patas del trípode,
que esgrimí como último argumento
defensivo. Quedamos así cara a pico, a
menos de un metro de distancia. Como no cejaba
en su empuje, tirando picotazos a la par, le apreté
con fuerza el cogote buscando que la asfixia amainara
sus bríos. Al rato lo largué medio
ahogado. Parecía haber renunciado al ataque.
Pero volvió repentinamente a la carga y
me vi forzado a ponerlo en fuga con un certero
golpe de trípode. Lo que más me
violentó fue haber tenido que agredir a
un animal al que supuestamente intentaba ayudar.
Durante la refriega tenía ganas de gritarle:
¡Estás loco! ¿No ves que estoy
de tu lado?

Después me enteré que, una semana
antes, ese mismo ejemplar había mandado
un hachero al hospital. El pobre hombre tuvo el
mal tino de huir a la carrera, ofreciendo la espalda
a los picotazos del iracundo ñandú.
Se trataba de un bicho criado guacho, entre la
gente, por lo que no temía al hombre. Además,
no lo habían admitido en la tropilla de
ñandúes silvestres que puebla La
Aurora y andaba solo -y amostazado- en plena época
reproductiva. ¿Se precisa más para
sacudirle picotazos al primero que invadiera su
territorio?
La anécdota viene con moraleja: conviene
cuidarse de los animales criados en cautiverio.
A diferencia de los silvestres, tienen reacciones
imprevisibles.

FNA-
¿Cuál fue la región o el tema que
más complejo le resulto retratar, por qué
y cómo lo resolvió?

RC- Siempre
trabajé ceñido por los acotadísimos
tiempos que dispensan los medios periodísticos
del país. Eso atentó contra mis pretensiones
de retratar cabalmente una región o cubrir un
tema con mayor profundidad. Me tuve que conformar con
ir cosechando fotos de a puñaditos. Algunos de
estos puñaditos se fueron sumando con los años
y la reiteración de destinos hasta parecerse
a aquellos ansiados “retratos”. Pero aún
tengo casi todo por andar y fotografiar. El mayor desafío,
como siempre, serán los ambientes de humilde
apariencia. Por ejemplo, los del Chaco y la Pampa. A
falta de escenarios espectaculares, habrá que
jugar con luces, texturas y perspectivas; descifrar
el secreto de su fascinación.
FNA-
¿Cuál es la foto que
aun no logró y le gustaría
obtener?

RC-
No busco hacer la foto de mi vida.
Busco fotografiar la vida y vivir
la fotografía. Porque me encanta,
porque vivo de ello -en más
de un sentido-, porque quizás
sirva de algo.
FNA-
¿De todo el material obtenido
tras tantos años de trabajo,
cuál es la foto o el reportaje
con el que más satisfecho se
siente y por qué?

RC-
No me siento conforme con ninguna
foto o reportaje en particular. Es
más: hay días en que
todo lo que hice me parece poco más
que basura. Quizás lo más
rescatable sea el largo y consecuente
empeño de poner mis fotos al
servicio de la naturaleza, los pueblos
originarios, nuestro multifacético
patrimonio cultural y las historias
que atesora la Argentina profunda.
Eso que llaman “trayectoria”.
FNA-
En estos 30 años, ¿qué
fue lo más deslumbrante que
haya retratado?

RC-
No es fácil decidir. Todo me
deslumbra. Del glaciar Moreno al lomo
tornasolado de un escarabajo, de la
iglesia jesuítica de Santa
Catalina al rostro de un shamán
guaraní. Tenemos, por cierto,
un país deslumbrante. Y espero
contar con muchos años más
para seguir deslumbrándome
con sus expresiones.
FNA-
¿Cree que las imágenes
pueden ayudar a generar conciencia
sobre la problemática ambiental
entre las generaciones futuras? ¿De
qué manera?

RC-
Las imágenes sirvieron y continúan
sirviendo para todo. Por qué
no habrían de ayudarnos a despertar
el instinto de supervivencia de la
humanidad. Lo que espero es que no
tarden mucho. Poco planeta quedará
para las generaciones futuras si las
presentes no toman conciencia cabal
de los problemas ambientales.
FNA-
¿Cuáles son las recomendaciones
que le daría a un fotógrafo
que recién se inicia y que
desea ser profesional?

Que
no regale sus fotos en el afán
de publicar (a la larga o a la corta,
estará perjudicando sus propios
intereses). Que haga mucho archivo
antes de largarse al ruedo profesional
(llegar a publicar es sencillo, lo
difícil es sostener la oferta
de material). Y que intente poner
la fotografía al servicio de
sus ideales. Se puede -y se debe-
vivir de la fotografía sin
resignar los sueños.
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